Quizá me costaba escribir porque este blog se llama experimento conmigomismo. Y el blog iba conmigo, pero ya no era un experimento.
Lo fue al principio en parte porque nunca había escrito nada que me atreviera a enseñar. Y más adelante porque aunque me acostumbré a colgar cosas, sentía algo nuevo con cada idea diferente que intentaba transmitir.
Pero empezaron a repetirse razonamientos. Y sobre todo la sensación de que algo que escribía hoy mañana no me decía nada. Y como en principio sólo escribo por el placer de desmontarme y exponerlo (aún no se del todo porqué) me pude permitir dejarlo hasta que algo me llevara a retomarlo.
Y ese algo es en parte París.
Habría que vivir permanéntemenre en una cápsula de plomo para estando aquí no encontrar motivos podría decir que diarios para llorar, reir, gritar, saltar, mirar, escuchar…y algo tiene que ver con todo lo que se ha dicho de París, que te viene enseguida en mente. Pero el resto, la gran parte, te llega a ti directamente, en exclusiva, ciudad y tú, por primera vez. Acero en la carne.
Quería que el nombre del nuevo espacio tuviera relación con el antiguo, pero soy malo para poner nombres, de manera que al final hice un razonamiento tonto: si el nombre de partida es experimento conmigomismo, y esto ha dejado de ser un experimento, pero sigue teniendo relación conmigo, suprimo experimento, y mantengo conmigomismo.
Aquí lo teneis: http://cnmgmsm.blogspot.com/ .
Un saludo. Suerte. Hasta pronto.
Y se quedó tan ancho
Parece obvio hacer referencia a un parón como este. Y voy a ser obvio.
Pero estar convencido de que hacía falta una mala excusa o una explicación es como creer que lo bueno y lo malo estan hechos de un material distinto. Que no es lo mismo ser del Betis que del Sevilla. Y que cuando algo nos ilusiona la materia prima de esos sueños es distinta a la mugre de la que se extrae la decepción.
No escribir forma parte del escribir.
A la chica del nombre corriente
Hay cosas que acaban como una palmada en la espalda. A dos años luz de distancia. Un golpe finalmente seco que enmudece entre la piel y la ropa. Y todo ha quedado ahí.
Las cosas habían sonado siempre diferente. O igual. Pero distinto*.
Nos hemos quedado solos, anclados al suelo por un corto periodo de tiempo. Pero no se oyen las lágrimas,
ni el crujido,
ni la música triste que diga que toca al menos llorar un poco. Que lo que pasa en nuestras vidas tiene importancia en ellas.
Y esto no hace que no pese.
Al contrario, abro la boca e intento gritar. Pero no puedo. Tengo en la garganta el nudo más grande. Cada palabra que intento decir se convierte en emoción. Tanta que podría callarme para siempre. Quedarme aquí llorando. Morir de hambre o ahogada.
Porque nadie ha engañado a nadie.
Y por tanto no hay a quien dirigirse, chillando los motivos de la renuncia, del a-sentimiento. Ni siquiera el entorno, esta vez de nuestra parte, estaría dispuesto a escuchar el sermón, la rabia pausada, la explosión nanométrica. Las ganas que tengo de decirte, cuando un día lo sienta por dentro, que ya no eres nada en mi vida.
Simplemente, deduzco, esta es una historia de aquellas de cine bueno. El guión gris de una peli en color que no era muda, ni aburrida, ni absurda. Que sólo era una peli más con tanto derecho a seguir como a acabarse.
Y se acabó.
Acerca de los montones de celulosa...
( ♪ dark halls, au revoir simone♪ )

Hay una característica que diferencia a las personas que leen (lo que sea), y es que unos cuando empiezan lo tienen que acabar, y los otros leen mientras les interesa. Si no lo hace, lo dejan a medias.
Hay otras personas a las que ninguna de estas clasificaciones les describe realmente. Las que sólo reconocen si son más de una manera o más de otra en su más segura intimidad. Quizá les de miedo decantarse por alguna bien por los demás, que juzgan demasiado rápido, o bien por ellos mismos, que creen que habrían de ser de aquella manera hasta el final o algo parecido.
He tenido varias discusiones pacíficas acerca de esto. Yo me posiciono siempre del lado de los que leen mientras les interesa. Pero entiendo que eso me va mejor a mí por como soy y por como pienso.
Si de lo que estamos hablando es de sacar mayor provecho de lo que leemos, simplemente a mí es la fórmula que mejor me funciona.
Pero hoy he sumado un argumento más a mi favor, con algo que no había pensado hasta hoy, cuando he vuelto a coger dos libros más de la biblioteca, en pleno periodo de exámenes, sabiendo que es probable que los lea muy poco, y bastante probable que los devuelva sin haberlos abierto. Y es que hay que ser muy metálico para no entender que los libros acompañan, que saben convivir con pocos problemas, y que son confidentes entusiastas de lo malo, moderados de lo bueno. Que lo saben prácticamente todo de ti.
Un riachuelo sin gracia ni prisa
Podríamos imaginar una escalera ascendente que observada desde aún mucho más lejos formara parte de una fina corriente infinita que desciende sin prisa, sabiendo que no hay nada que la pare, que nadie se ríe de ella.
Entonces se entenderá lo siguiente:
Hay una temporada, antes del infierno, en que vas a clases de muchas cosas: de inglés, de informática, de judo, de fútbol, de baloncesto…
Después vayas a donde vayas se te suponen ya muchos conocimientos y el entorno se vuelve por ello mucho más agresivo. Si vales, bien. Si no, fuera.
Y en general el resto de la vida estaría bien que fueras a algunas clases concretas, en función de tu estela. De tu trayectoria. Del surco que vayas dejando. De la dirección en la que tengas más o menos pensado continuar.
Ahora se impone un pelín de optimismo.
Esas clases son de algún idioma nuevo, de una nueva herramienta que no iría mal que aprendieras, de algo que simplemente te apetece: la guitarra, japonés, puntillo o macramé, jardinería, meteorología…(son siempre las mismas, son genéticas).
Pero hay una actitud que se da en ciertos individuos llegados a este momento: la confianza de que puedes apender aquello por tu cuenta, ser lo que se dice autodidacta vamos…ahorrate los 300 euros de la academia y acabar sabiendo prácticamente lo mismo. O eso crees. O eso creen ellos que no.
O siendo realmente sinceros: admitiendo que hay algo que se escapó, que ya no eres el niñito que aprendía fácil y sin pensar, que no es tan importante dominar la materia teniendo en cuenta a dónde vamos, que lo que haces ahora es fracasar con consciencia (aunque aveces la apariencia sea triunfal). Que no esta mal saber un poco de todo, algo más de lo justo para vivir. Dedicar las fuerzas a cualquier otra cosa que importe tanto o tan poco.
Hay gente que dice que le da igual todo esto último, que le gusta hacer ciertas cosas.
A mí ultimamente me gusta mucho comprobar que soy incapaz de conseguirlas.
:)
Un hobby

Lo que quiero contar, la cosa en sí, se parece mucho a cuando yo era pequeño y me apunté a karate…
Llegué con mamá del brazo.
Lleno de ilusión.
Kimono blanco, radiante.
Dispuesto a recibir…
…pero deseando aprender cuáles iban a ser mis armas también.
Deseando, por supuesto, ponerlas en práctica.
Al principio del camino hice amigos.
Me gustaba la parte de los juegos. La que hacíamos los viernes. Aunque aquello no fuera karate.
Y entendí desde el principio que había una escala concreta, y que cuando uno es cinturón blanco no puede luchar con nadie. Que un amarillo puede tontear con un naranja, y que éste puede hacer cosquillas a un rojo, o a un verde. Y luego vienen los colores más oscuros, los que ya no hacen ni puta gracia. Los que requieren todas las horas de día. Todo el esfuerzo enfermizo. De los que sólo se rie el capullo que no lo ha entendido. El que no ha pillado ni la esencia ni la proyección.
Pero hay diferencias significativas:
De lo que yo estoy hablando no puede uno desapuntarse facilmente.
La cosa en sí suena tan real como el propio cráneo contra el suelo.
Lo único realmente parecido a una explicación es tu intuición.
Sueles encontrarte más bien en pelotas.
Pero estás hasta los huevos de cargar con el kimono, que ya no es blanco porque tiene mierda, y esa mierda pesa cada puto día más. Y sabes que no se quita. Y que cada puto día pesa más. Y que la mierda no se va. Y pesa más cada puto día. Y es inútil intentar limpiarlo. Puto kimono de mierda. Puta mierda de kimono.
Pero la diferencia que es primera y última a la vez, la que no dudo desde que olisqueé, que probablemente genera todo lo que escribo, pero que no me dará la razón hasta el final, es que antes, cuando yo era pequeño, no tenía ni idea
ni la más remota idea
de lo que viene después del negro.
Nuestro rasgo diferencial
( ♪ thoughts of a dying atheist, muse ♪ )
.
Sería nuestra gran lacra no? Creer que no nos hace falta todo lo lejos que pueda haberse llegado hasta hace unas décadas. O que sólo nos interesa de los inmortales aquello que entendemos de manera más inmediata, porque lo demás requiere mucho tiempo. Demasiado para nuestras vidas igual de cortas, pero incomparablemente más aceleradas.
Sería muy triste vernos desde lejos, golpeando con el cerebro y convicción una de las paredes laterales, creyendo que ésa es la que se interpone al sentido normal del desplazamiento, sin saber mientrastanto que detrás no hay nada.
Sería como ver repetida la muerte de ese tío que dentro del laberinto se empeñaba en equivocarse de camino. Que al final de su vida creyó que estaba dando vueltas en círculo, pero que en verdad no hacía más que alejarse de la salida, escogiendo cada vez la opción equivocada, una y otra vez.
Y todo esto sería tan penoso, un error tan acaparatoso, porque visto con el tiempo que no tenemos - o visto ahora mismo pero con una conciencia que no nos carazteriza - habríamos utilizado nuestra estancia en este planeta para mucho menos que nada. Para poco menos que todo, piensas pocas veces. Para cosas tan bien vistas como divertirnos, hacer bien a los demás o sacar algo de provecho. Cuando todo esto no era incompatible. Sólo tenía que haber estado teñido un poquito de gris. Empapado en un poco de lágrimas.
Destinado a personas o cosas
( ♪ waves of grain, two gallants ♪ )
.
Todo lo que te pida, y todo lo que me des, está muerto de antemano. Y a lo que creo que hay después de esa muerte, lo que me da fuerzas para superarlo, le pasa lo mismo. Y a lo que te digo que no dejes escapar. Y a lo que yo, en silencio y a solas, retengo también por un tiempo. Y a lo que nos nubla a menudo, lo que nos permite periodos enteros de inconsciencia. A nuestros sueños, nuestros proyectos, nuestros quehaceres y nuestros recuerdos, en ese orden concreto.
Para seguir con la lista basta con escoger cualquier cosa de tu alrededor. Quizá aún no te estés resignando, persona o cosa, no sé qué coño eres. Lo intuyo únicamente.
No olvides que debes olvidarte de todo esto por norma general. Y cuando lo recuerdes piensa que yo no me olvido de que lo sabes. De que no me puedes engañar. Y lo mismo te pasa conmigo. Por eso lloramos juntos a veces. Por eso volamos a veces tan alto.
Todo esto es tan cierto que me duele el teclearlo.
Todo esto es tan cierto que me duele el teclearlo.
Todo esto es tan cierto que lo vuelvo a teclear.
Ya me he desconcentrado. Ya no me duele el teclearlo.
(Es que no es fácil mantenerse en el limbo necesario donde entender todo esto)
¿Por qué sigo pidiendo, dando, creyendo, recomendando…y teniedo sueños, proyectos, quehaceres y recuerdos, en ese orden concreto? Eso, niños míos, no es ni siquiera cosa de los mayores. Pertenece a los que estamos menos muertos, precisamente porque lo reconocimos. Es sólo estrategia. Es la táctica de hacer ver que crees, de hacer ver que no te has dado cuenta, de mirar hacia otro lado. El otro lado. De fingir que bombeas tu corazon, que tienes aliento, que sudas, respiras y gimes como los demás. En definitiva, la táctica de seguir vivos. Todo un arte. El ejemplo más irónico del arte de la guerra. El arte más inútil de la guerra más macabra.
La liebre y la tortuga. Y lo otro

También sucede cuando vas por la carretera. Un coche te adelanta, a 150. Te lo encuentras parado en el mismo stop que tú, poco más tarde. Y piensas que no le ha servido de nada ir tan rápido. Que ha corrido un riesgo innecesario.
Otras veces eres tú el que corre. Adelantas a los demás y no piensas en lo que piensan. Sólo sabes que estás llegando tarde. O que hay pocos coches y es de noche, y que simplemente te apetece correr un poco.
Algunas veces infringes las normas, por debajo. Vas por una carretera tú solo escuchando alguna canción, o mirando alguna casita. Vas a 15, o a 20. Te apartas para que te adelanten los que no corren mucho ni poco. Los que simplemente tienen la tarde del viernes libre y vienen de hacer la compra.
Y cuando eres tú el que examina si este va muy rápido, si aquel va muy despacio…tus cálculos se acaban brúscamente porque ese que corría tanto ya no está. Giró por otro camino. Y el que va tan lento se ha parado en el arcén, a coger a un autoestopista.
El camino de cada uno, independientemente de la velocidad, está en el aire de antemano. Tú decides en qué partes del recorrido vas a correr más y en cuáles menos, pero ten por seguro que tu trayecto acabará justo donde tenía que hacerlo, justo en o antes de tu destino. Quizá después. Las cosas no serán finalmente diferentes de como van a serlo.
Vivir deprisa no debería ser una actitud. Sólo una parte de tu recorrido, tan necesaria para tí en algunos momentos como frenar y pararse otras veces. Lo digo por esas balas nunca mejor dicho perdidas, que destrozan en ocasiones el sentido del quitamiedos. Pero lo digo también por esas tortuguitas de andar decidido,claro y correcto, que me resultan más respetables pero no por ello menos inconscientes.
Última mentira
( ♪ experimentos con gaseosa, los planetas ♪ )

Al decir las palabras adecuadas se abrirán ante tí laberintos y ventanas. El caudal de las más cálidas aguas te traerá al lugar donde nunca falta nada. Guárdame dentro un sitio, necesitaré cobijo cuando vuelva de viajar alrededor. Llévate lo que puedas porque queda un duro invierno por pasar y yo volveré arrastrándome al final. Guárdame dentro un sitio donde pueda estar tranquilo. Donde pueda retirarme a descansar. Necesitaré cariño cuando esté cansado y no pueda viajar.
La idea de experimento como manera de vivir fue la que principalmente dio nombre a este blog. Y no puedo negar la curiosa coincidencia de que haya un libro de Sloterdijk que se llama Experimetos con uno mismo, y que sospechosamente se encuentra en mi estantería…
Pero hubo más factores, como esta canción de Los Planetas. Si uno la oye y la escucha bien, corre el riesgo de creer que es inmortal. Que la guerra o el viaje es la vida. Y que después viene el lugar donde nunca falta nada. Y eso te alegra tremendamente la existencia, mientras dura la canción.
Al acabar entiendes que esos lugares son tan sólo una canción, un pequeño rincón, cierta conversación con cierta persona en un momento muy concreto…en cualquier caso pequeñas ilusiones que son lo único que poseemos de verdad, dentro de nuestra cabeza. Porque los recuerdos, por ejemplo, son algo siempre esclavizado por esas pequeñas dirigentes en función de las cuales incluso modificamos en nuestra memoria lo que realmente pasó.
Al acabar recuerdas que no eres infinito. Y si tengo tiempo, si la vida me lo permite, querría escuchar esta canción 5 minutos antes de morirme. Este sería mi último deseo personal. Y el minuto y medio que sobra lo dedicaría a una mezcla entre respirar, llorar y reir irónicamente. Todo esto, a poder ser, aderezado con un rayo de sol pegándome en la cara.
Gracias por tan preciosa mentira sublime.
Se ofrece callejón sin salida
Que no me sirven mis propios intentos de sentido es algo que ya sé desde hace tiempo. Soy consciente. Y he aprendido a vivir con ello, aunque no sé hasta que punto esto es sostenible…
Y que los vuestros me resultan aún más inocentes e inconsistentes es otra cosa que voy confirmando con el tiempo. Y soy yo el que en mi cabeza se imagina que un día os dais cuenta, cuando ya habeis basado demasiadas cosas allí, de que toca cambiar de sueños, de principios y de fines. No se lo deseo a casi nadie…
Los únicos a los que no me refiero con esto saben quiénes son al leerlo. Sabemos que sólo hay una cosa que es verdad. Que es dura, triste, demoledora. Y que todas esas patrañas que ilusionan son sólo eso, patrañas que ilusionan. Y que son buenas, realmente buenas, sus armas de seducción y convicción. Y el pegamento que os aferra a ellas.
Ver las cosas así es un callejón sin salida tan cierto y tan oscuro como todos los callejones esos que se anuncian, pero no avisan, de que es igual de cierto, y de oscuro, su punto final o intermedio que tampoco tiene salida. Y no hay otro tipo de callejones. Ni siquiera hay otro tipo de calles ni de sitios por los que desplazarse.
Y a veces esto es algo que me gustaría que se reconociera, a escala mundial. Y basar todo lo que hacemos consecuentemente con esto. Una vez limpiada la mierda de las cabezas de todos, podríamos seguir con una vida idéntica a la que tenemos, si siguiéramos queriendolo, que es lo que dudo de verdad.
Aseguro que se puede vivir aparentemente como todos sin creer en nada de lo que dicen, riéndose de esa otra manera.
Las pocas coincidencias que entonces se producen tienen otro sabor. Lo más cercano que he estado de la verdad. Lo más alto que he volado en mi vida.
Realmente, si soy sincero, no. No tengo sueños. Pero tengo unas cositas en la cabeza que se les parecen. Pero repito, no son sueños. Los sueños no suelen acabar.
Mi pequeña campaña de tráfico
( ♪ tear, red hot chili peppers ♪ )
.
Cuando se acercan al coche no notan nada extraño. Todo está, como siempre, en su sitio. Por poco tiempo, pero en su sitio. Como siempre. Todo en un mismo tono de las cosas.
Los que se matan en coche no aprecian nada distinto en el tintineo de las llaves el día de su muerte. Y tampoco les molesta especialmente el respaldo en ese día. Ni el cenicero huele demasiado a tabaco. Ni el ambientador demasiado poco. Y el cristal está igual de sucio o de limpio que siempre. Ya es tarde para ajustar cuentas. El depósito quizá en reserva, lo que haría todo aún más triste. Y todavía no sabrías seguro cómo cambiar una rueda. En caso que te tocara. Ni el tráfico está especialmente rápido. Tampoco especialmente lento. Puede que haya llovido pero eso no es determinante.
La puerta el cerrar, sin que el conductor lo sepa, se bloquea eternamente. Y todas las partes del coche lo saben. Parece que en la muerte el entorno se alíe, sin mala intención especial. Sólo se alía, porque ese día a alguien le toca morir, y hay que proporcionar las condiciones necesarias para que se produzca el accidente. No tiene mucha más explicación.
Sólo es mi pequeña campaña. Mi lejana advertencia. Para que pienses que nada te avisará de que te matas hasta que te estés matando, que es cuando creo que se produce esa luz, o esa intuición. Ese incierto pensamiento de que algo no va bien. De que este hecho estará demasiado desviado, de lo que se supone que es ir mal. Y no hacia el sentido positivo, sino hacia otro más desastroso aún. El que nunca imaginaste. El que creíste entender al oír esas cifras de muertos, 7 más o 15 menos que en el mismo período del año anterior.
.

Saliendo de un sitio donde vendan alcohol
Y me doy cuenta, releyéndome a veces, que uso mucho la i griega, osea la y, al principio de lo que escribo.
.
No porque me guste, ni porque lo piense con antelación. Me sale así.
.
Y he llegado a la conclusión, después de darle un par de vueltas, de que lo hago como si ya hubiéramos hablado mucho rato. Como si ya casi no hiciera falta que habláramos los dos. Y con algo de prisa, con algo de tiempo también, empiezan a limpiar las mesas. A echar a la gente del bar. Y una especie de último razonamiento, con la ventaja de ser último, de estar supuestamente más razonado, se expone diferente a los otros. Se separa con una letra de los demás, desde el segundo hasta el penúltimo. Aplazando la discusión, sin duda, para otro rato, escuchamos los dos lo que digo. Cogemos las chaquetas y salimos del bar.
.
Los viernes por la noche son un espacio, a parte de un tiempo.
.
Todo sigue gris. Entre claro y oscuro.
Cinco de la mañana
( ♪ trashing days, the notwist ♪ )
.
Se da mucho el que te digan que eso no tiene sentido. Que es una tontería. Una estupidez. Y rascas en su pasado, y encuentras pequeños compases de una música similar. De un antecedente contradictorio. Los corcheas con puntillo que no le dan la razón a nadie.
De manera que yo, como otros muchos, podría decir aquello de que nada tiene sentido, que aunque la vida es bonita se vive en un mundo de mierda y que dependiendo de mis circunstancias, del que sean medianamente aceptables y yo me considere afortunado o no, decidiré si seguir en el mundo o no. Demostraré que puedo o no soportarlo. Y en caso negativo haré alguna de esas cosas, elegir un puente, una vía de tren, un rascacielos al que tenga acceso fácil, el gas o la dulce sobredosis.
Pero claro, en estos momentos mi opinión no cuenta para nada, porque son las cinco y sigo coleando.
Jugar sin los coches
( ♪ mama, won't you keep them castles in the air an burning?, clap your hands and say yeah ♪ )
.
Cuando llega el momento ya no tengo fuerzas. Se han ido ellas y el motor que las originó. Dudo incluso de haberme preocupado tanto en el momento. Cuando todo estaba caliente.
Y ahora que ha pasado el tiempo lo contemplo como una batalla. Ni perdida ni ganada. Una batalla, simplemente. Entiendo que me ha hecho crecer. Como a tí. Pero pareces tirar por la borda las redes. Como el pescado. No te entiendo.
Sólo estoy jugando. El problema es que confundes este verbo: jugar. Piensas que es algo de niños. Como según qué tipo de humor. Pero si vivir fuera aprender a morir, jugar es aprender a vivir. Liberar carga no para ser más tonto, más ingenuo y superficial, sino para evitar el pesimismo, potenciar el realismo. Para ser capaz de hacer cosas bien y mal, pero nunca tan bien ni tan mal.
Ojo con el suelo, que sirve de descanso a las axilas. Pero está mojado. Y vuelve a llover sobre él. Y el agua asciende por capilaridad. Lo empapa todo mientras no lo impida la energía potencial. Y si la base es grande, el agua acumulada es mucha. Demasiada para reemprender la marcha. De ahí a echar raíces hay un paso. Imposible moverse entonces.
Este es un tema que me encanta. La naturaleza es estúpida, pero muy compleja. Nosotros somos relativamente inteligentes, pero muy simples. Eso les hace pensar a algunos que la naturaleza es sabia. Les confunde. Y a muchos nos convence de que es bella, al menos mientras seamos más simples que ella. Es cuestión de milenios. Entonces dejaremos de apreciarla. De escribirle poemas al amanecer, que no al atardecer, metáfora de lo que se avecina.
Empezamos a mirar los teléfonos antiguos como hacemos con las sillas, las bonitas viejas y de madera. Como hicieron con las cabañas, igual que seguimos haciendo nosotros.
.
se recomienda llegar a este punto a los 18 segundos del segundo minuto de la canción
.
Simpatía por la situación, no exclusivamente por la esencia de nada. Contextualización. Uno mismo y sus circunstancias, abrazando las de su entorno, parte de otros. Casualidad aleatoria de estar viviendo la vida juntos. Entonces respeto. Teniendo en cuenta que se puede atacar con respeto. Absolutamente todo es amable (de amar) y despreciable (de odiar). Pero absolutamente todo tiene un eje giratorio, en cualquiera de las direcciones. Y automáticamente con esto surge el respeto. Y el ataque. Lo que unido a esas reglas que no se pueden escribir, pero que están, conforman parte del juego.
.
No de la vida, pero del juego.
Se admiten sugerencias
( ♪ hide and seek, imogen heap ♪ )
.
Hablaba ayer con un conocido. Uno de estos con los que hay buen rollo, aunque nunca hayas consumido cerveza a su lado.
Al despedirnos me acordé del final del último post. De la recomendación musical. Y le dije, ya casi entre dientes: Y más Smashing Pumpkins…
Y entonces él se rió, se vino hacia mí. Me dio una palmadita y con la risa del que vuelve al que va me dijo: Y más White Stripes…
No sé si él lo recuerda. Pero ya lo hablamos una vez. Le sonaban los Smashing Pumpkins…Y esto fue hace un año quiza…Pero decía que le resultaban muy estúpidos. Que su afán por hacerse famosos no le parecía de fiar. Que a él le encantaban White Stripes. Y yo le dije que no sabía mucho de ellos. Lo apunté en la libretita.
Con aquella palmada me insinuó que no había echo ningún esfuerzo, que ya estaba todo decidido: sus amigos eran mejores. Y al girarse se puso los auriculares. Y espero por Dios que no se fuera escuchándoles de nuevo. Y esto lo digo porque me cae bien, porque me sabría mal que fuera una de esas personas con esta actitud. Las hay. Y muchas.
Pero este el caso pacífico, el del lugar donde no pasa nada. Donde pierdes o ganas poca cosa. No importa demasiado el grupo. Tan sólo unos pocos variados conceptos que a grandes rasgos se repiten. La elección de los matices es bastante aleatoria.
Lo jodido es el caso otro. El de esos seres a los que les falta en la boca el lo que yo te diga castizo. Los que a la hora de juzgarte no sólo cogen la puntita como icono, sino que la congelan y la eternizan en la cumbre. Y ahí te has quedado tú. Y no quieres seguir su camino. Y seguramente lo pagues caro.
Me parece una falta de sensibilidad, el creer que alguien dice algo para siempre. Y el pensar con la memoria también.
La memoria es para recordar. Es una herramienta. Almacena recuerdos. Y con esos recuerdos se pueden generar pensamientos actuales, valoraciones, juicios, previsiones…pero no Pensar en mayúsculas. O ahí es cuando vienen los problemas. Cuando hierven los nacionalismos. Cuando las guerras duran más de lo que tocaban. Porque a veces la guerra tocaba. Ciertas veces toca matar. Ciertos seres lo merecen.
De presión
.
. ....
.
. ..¿Cuántas rectas existen
perpendiculares a otra recta R
que pasen por un punto P externo a R ?
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Llegado a este punto sabes que hay algún truco. Y que si bajas encontrarás la respuesta. Pero quieres resolverlo por ti mismo. Y no puedes.
.
.
.
.
.
.
.
.
Una no es la respuesta. Eso es infinitamente incorrecto. Pero solemos darlo por bueno. Solemos aceptar pulpo como animal de compañía.
La verdad es que podemos estar hablando de una recta negra, o de una azul, o roja, o color pistacho…
¿No te has sentido solo tras esta respuesta? A mi me pone los pelos de punta. Cuántos factores se nos escapan cada vez…los mismos que nos hacen pensar que algo, cualquier cosa, esta concluido.
Te diría que no lo des todo. Que es lo que sueles hacer. Que no lo digas todo. Que no lo pidas todo. Que no lo confieses todo. Que no te entregues hasta el fondo. Que no luches del todo hasta el final. Que no aprietes la tuerca al máximo, ni el tapón de la botella de Cacaolat. Porque salta. Y esto no es una justificación, pero bueno.
Lo único que te mantiene expectante, ilusionado, esperanzado, creyendo que ya hablaremos mañana y que dale tiempo al tiempo, es que no consigues la mayor parte de lo que te propones. Y estoy hablando de las cosas grandes de la vida. Una vez por imposibles, quizá sólo para ti; pero otras porque los planes son de un plazo tan largo que cuando te llega ya son otra cosa. Como acabar la carrera. Como querer hacerse mayor. Como querer volver a ser joven. Aunque en las pequeñas, que suelen darse en periodos más cortos, sucede el simulacro. El vacío que representa el querer algo y conseguirlo. Quizá no de manera instantánea, mientras burbujea el champán. Y en ningún caso cuando esas ya sean tus ambiciones reales, finales. Pero sí cuando aprendiste a nadar. Una vez te volviste anfibio. Llámale involución si quieres.
Recuerdo perfectamente cómo he abandonado cosas por reconocer que eso no es para mí. Tantas como las que he dejado de lado al conseguirlas. O poco después.
Recuerdo cómo pensaba en lo caras que estaban las golosinas últimamente. En que ya casi no quedan sitios de aquellos en que las venden por unidad, no por peso. Y un día fui a comprar al Lidl y ya está: 3 euros por un kilo. Se acabó. Hago mezclas con limón y fresa, a ver si sabe a naranja. Me las como de tres en tres mientras escribo esto.
Y recuerdo alguna de esas cosas que no se van de inmediato. Sino como vinieron. Poco a poco. ¿Así llegan muchas cosas no? Los grupos de música por ejemplo. Me refiero a los que te gustan y a los que no. Pero me estoy acordando concretamente de cómo me empeñe en que tenía que haber una vela, ligeramente teñida de rojo, en una esquinita de mi casa. Acompañándome toda la noche. Y la busqué. Y la puse. Y me ha hecho compañía largas noches de entrega. Algunos ratos más distendidos. Momentos de esos únicos, contigo solo, con alguna canción, mirándola allí arriba. Reconociendo que está genial en ese sitio. Pero ya está. Ya no la enciendo. No cumpliría su función.
Esto son dos ejemplos de mis más grandes triunfos. Y ya no están aquí.
Los seres que tienen muy claras las cosas, que saben cómo quieren rellenar su vida, los que van a por algo, lo consiguen y lo disfrutan eternamente, es probable que no estén leyendo esto. Y en ese caso se deben de estar aburriendo mucho. O pensando que soy triste, o depresivo, o locuras por el estilo. Y me gustaría saber cómo me imaginan los que no me conocen, a juzgar por las cosas que digo.
El sentido que le encuentro a las cosas está por encima de mis tontas y pobres sensaciones (que por otro lado algunos dicen que son la cosa más grande del mundo), y además está vacío. Porque no hablo de sentidos temporales, caprichosos, románticos, ingenuos ni egoístas.
Pero llegados a este punto siempre me pasa lo mismo. Digo olvídate de esto y hago yo en parte algo parecido. Realmente no tengo nada atractivo para convencerte. Ni siquiera una parte de mi cabeza lo consigue hacer con la otra. Pero eso no me quita la razón. Lo único de lo que estoy realmente convencido. Mi Dios. Mi credo. Que dice, como tantos otros dioses, que puede con el vuestro. Que lo aplasta de un plumazo. Y que acepta, en ocasiones, los cambios de chaqueta. Esa es su mejor virtud. Con eso os derrota a la mayoría.
Por eso te digo, porque te quiero, que no lo des todo. Que es lo que sueles hacer. Que no lo digas todo. Que no lo pidas todo. Que no lo confieses todo. Que no te entregues hasta el fondo. Que no luches del todo hasta el final. Que no aprietes la tuerca al máximo, ni el tapón de la botella de plástico del Cacaolat. Porque salta.
Y aunque acabemos haciendo todos lo mismo, aunque aceptemos todo el zoológico como animal de compañía, no se si tú también estás pensado por dentro en mirarme a la cara. En cerrar los ojos un poco y retarme a apretar para siempre la tuerca, hasta destrozarme la muñeca. En decirme de la misma manera que lo hacías cuando eras pequeño: ¿A ver si tienes cojones? ¡Con todas tus ganas!
Y ya veremos lo que queda en pie, señoras y señores, después de la publicidad.
.
( ♪ beautiful, smashing pumpkins ♪ )
Justicia no es la palabra

Justicia: Virtud que nos hace dar a cada uno lo que le pertenece
Érase una vez unos acusados por acción terrorista que en vez de defenderse en el juicio pedían a gritos su implicación en temas relacionados con la venta de hachís, el robo de dinamita y el tráfico de armas, órganos y dvds.
Tales eran sus aspiraciones. El sueño de cualquiera. Lo que un padre decente querría para su hijo.
Uno de los acusados sugirió el utilizar su propia máquina del tiempo para volver al pasado y desactivar las bombas justo antes de la masacre. Pero obviamente su propuesta fue rebatida por la fiscalía alegando, y cito textualmente, alteraciones demasiado importantes en la estructura espacio-temporal. Lo cual era previsible. A nadie se le ocurren estas cosas hoy en día.
El juez acepto este recurso y no cedió ante el chantaje. No se dejó camelar. Los declaró culpables a todos. Impuso la lógica y la justicia.
Chapuzas y propuestas absurdas a aparte, les condenó a buscar hasta la última de las 191 almas liberadas en Atocha. A fabricar posteriormente otras tantas vidas idénticas a las originales, en las que los familiares no hubieran sufrido absolutamente nada. Y a construir con sus propias manos 191 cuerpos iguales o mejores que además debían de formar libres de toda enfermedad genética que fuera a detectarse en los 75 años siguientes al atentado, como medida especial de compensación.
Era de especial importancia que no quedara cicatriz de las heridas necesarias en el cráneo para insertar las vidas y almas respectivas, de manera que los ex-fallecidos nunca llegaran a sospechar nada.
Gracias a Dios, esta vez se hizo justicia en el Cielo.
Y gracias al Diablo, su homólogo en el Infierno, aquí abajo en la Tierra no está pasando lo mismo.
No hay materia prima para construir vidas hechas. Ni sabemos fabricar cuerpos humanos. Ni podemos cazar almas liberadas, y guardarlas en un bote. Y en caso de que pudiéramos, seguramente no sabríamos cómo mezclarlo todo, cómo atarlo y coserlo en una pieza, de manera que funcionara.
Es el de Madrid un juicio tristemente fracasado desde el prinicipio por definición.
Nada que ver con el Amazonas
( ♪ it's not the worst i've looked, lali puna ♪ )

Este texto te permite seguir vivo durante dos o tres minutos más. Lo que tardas en leerlo. Y ahora cuando acabes cambiarás de liana. Y no quieres oír hablar de ninguna cuerda. Y te enfadas si se cuestiona. Por no hablar del ramaje. Por no mencionar los troncos ni las raíces…¡Y me acusas de que yo hago siempre lo mismo! Y me miras con un cierto brillo en los ojos…Pareces haberte emocionado. Pero es probable que no tenga nada que ver con eso. Que sólo te haya entrado algo en el ojo. O la alergia de primavera… ¿Cómo puedes ser tan hipócrita? Entiendo que no te das cuenta. Que no has podido elegir en ninguno de los momentos. Que esto toca o no toca. Al principio, en medio o al final Y que si estamos en costados diferentes nunca llegaremos a comunicarnos, aunque a este lado del río reconozcamos que tampoco suceden aquí tales cosas, que alguien se mire, se hable y se entienda. Pero lo callamos sabiendo a medias el motivo. Porque la verdad es que siempre queda ese derrape final. Los puntos suspensivos más largos del mundo. Y esa es la única certeza detectable. No hay realmente más sentido. Aunque siempre te empeñes en ello. Y aunque insistas de nuevo en que yo hago siempre lo mismo. ¡Y ya te estás repitiendo!. Clavándote tú solo la espada en el pecho, justo contra la pared. ¡Cállate y escucha un momento! ¿No ves que en el instante en que la razón te deje totalmente tirado, no tendrás tiempo para reconocerlo?¿Qué estarás demasiado ocupado muriéndote?
Sólo tenías que haberlo reconocido en alguno de los momentos en los que estuvimos hablando. Mientras nos encontrábamos en el mundo. Y podrías haber seguido total y perfectamente con tu vida. Destrozándolo todo con tu cabeza. Manteniendo la impresión de que todo funciona correctamente, que es la manera de moverse por la jungla. Podrías haber caminando por la calle sin que la gente percibiera tus explosiones cerebrales. Y habrías sido capaz de reírte como lo haces, pero habiendo tenido aún más motivos. Y esto sea seguramente también lo que no quieras comprender. Que hay algo infinito. Fijo. Estable. Y que niegas tu tendencia en su dirección porque sólo avanzas a la velocidad que te marcan los palos de la vida. Un pobre combustible. Responsable sin embargo, de la historia universal. E intento con esta frase pedir perdón a los ofendidos. No porque me arrepienta. Pero sé que hay personas a las que esto les sienta mal.
Deja de ser ya un niño que se empeña. Conviértete en un ser humano aparentemente de cartón piedra, realmente compuesto por una sola pequeña llama, consciente de su pronta e inevitable extinción.
Eso da fuerzas, lo prometo, para las cosas que podríamos llamar consistentes. Y no porque realmente lo sean. Ni muchísimo menos. Pero es nuestra manera de hablar. Un dialecto que utilizan los inmigrantes de esta parte del río.
Gotas de ceniza
(♪ falling in love of a dead boy, anthony and the johnsons o manuel villena ♪)
.

.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Lo mejor que puede hacer uno con su vida es lograr un par de cosas, la victoria del egoísta o la ayuda del solidario. Y aparte de esto, sentar las bases de algo nuevo. Retorcer alguna tuerca. Proponer válvulas expectantes, aún por estrenar.
Para que esto se reconozca, para hacerlo también uno mismo, es necesario lidiar con las ataduras *. Aterciopelar los engranajes. Inyectarles algo de aceite. Porque esto son precisamente cosas como el amor. O la familia. Correas de un mecanismo personal. Nunca fines en sí mismos.
Todo esto se aglomera de manera bastante agradable si uno es respetuoso. Con su vida y con las otras. Se consigue así como mínimo ser bastante normal y mediocre.
Y esta enorme maquinaria finaliza en una cinta. Automática, por supuesto. Y tu vida es un paquete, revestido con tela de interior de ataúd.
Cuando llega el final de esta cinta no hay manos. No hay cajas. No hay camión. No hay fábrica. No hay tierra. No hay Tierra. No hay nada.
Sólo cae
................s.
Y ves como la parte de goma en la que eras transportado que estaba en contacto directo contigo, gira bruscamente, hacia abajo, 180 grados. Y observas como avanza. Hacia atrás. Tú alejándote de ella.
Y esto es todo. Según esta intuición
La verdad sólo se desvela al final. Si es que da tiempo a oírla. Inmerso en el escalofriante y eterno zumbido de la caída.
* se han tenido que omitir las malas, de manera que el proceso resultara creíble y optimista
Good morning to everyone
A mi, personalmente, me dan asco las mañanas. Al menos las de la gran ciudad.
Más aún si hablamos de esas horas intempestivas de entre las 7 y las 10. Justo cuando amanece el cemento. Cuando se mezclan en el metro todas colonias y champuses del mundo. Y todos las bostezos y legañas.
No soporto esas caras, dormidas con ojos abiertos. Tapando la parte frontal de la caja que contiene un cerebro que aún sólo sabe que va, y no está muy seguro de a dónde. Sabe que tiene prisa. Que llega tarde. O que hoy han muerto 70 personas más en Irak.
Y los duros son los casos en los que realmente no hay otra opción.
Todo esto nos caracteriza. Así se nos estudiará en los libros, dentro de un par de siglos:
Los habitantes de las primeras ciudades salvajes pasaban un período de suspensión mental de 7 a 10 de la mañana. Más tarde, empezaban ya a pensar en algo. En que este trabajo no me gusta. O en que coño hago en esta ciudad. Pero no dejaban nunca de formar parte de la maquinaria. Tenían sueños artificiales, y objetivos plastificados, envasados al vacío. Esperaban el fin de semana como eso mejor del mes, y el mes de vacaciones como eso mejor del año. Eran inconscientes, por mucho que leyeran la prensa gratuita, que cada día morían 70 personas en Irak.
Y así no se puede vivir. Porque eso es supervivencia. Y para poder arreglar esto que critico no hace falta la lotería. Otra pieza más del camino somnoliento.
De hecho, no hace falta el dinero. No más del justo para vivir. Y no depende ni siquiera del trabajo, lo que uno hace para tener pan cada día.
Hace falta algo. Todavía impreciso en mi cabeza. Que ahora mismo me funciona. Pero ahora entiendo que es muy fácil. Que soy aún estudiante. Y eso amorfo es sólo la versión para niños del duro tratado del mundo. Una especie de monopoly. Con caritas sonrientes por las calles. Y con cárceles de mentira.
En la vida real, lo realmente preocupante son todas esas cabezas que no hacen más ni menos que yo, por el hambre en el mundo y por el cambio climático. Pero que han olvidado, y de eso no tengo ninguna duda, si les gusta o no su trabajo. Y que coño hacen en esta ciudad. Y no hace falta mirarles las caras. Pero es necesario mirar los pulmones. Las venas. Los huesos.
Y hacerlo luego con el cuerpo propio. Y ahí se está en condiciones de pensar por uno mismo. De expresar el lado más humano, o asombrarse, sin asustarse, del tremendo y común egoísmo. Para entonces querer arreglarlo. O ir tirando con alguna chapuza. Y una vez en este camino el resultado no es lo más importante. Porque cada uno tiene su ritmo. Y si uno lo traiciona, sufre las consecuencias.
Una vez hayamos conseguido esto en todos los seres humanos, no. No haremos un suicidio colectivo. Simplemente, esperaremos a ver lo que pasa.
Lo sé, no todos los que se levantan a las 7 pertenecen a esta raza. Gracias a Dios. Él lo hace posible. La existencia de virutas brillantes entre tanto tornillo oxidado.
Os pido un poco de comprensión. Son las 7 de la mañana. Me voy a la cama, a continuar siguiendo soñando.
Buenos días a todos.
Algo más (de lo poco) que rascar en la escuela
( ♪ untitled four, sigur ros ♪)( □ barragán □ )
.. ....
Sí, señor Ferrán. Claro que recuerdo cuando era pequeño y primero de todo me costaba ver la superficie superior de la mesa.
Y pienso que ahora lo que me cuesta es lo contrario. Precisamente, ver la parte de debajo. Y reconozco que si lo hago es por casualidad, porque se me ha caído algún objeto y me agacho, y ya que estoy en el suelo, y tengo alfombra, me tumbo. Y ya boca arriba se me ocurre, y sólo entonces, que nunca se me había ocurrido mirar la parte de debajo de la mesa. Para encontrar, por ejemplo, alguna inscripción de alguien más inquieto y fantasioso que yo, que esperaba que alguna persona lo leyera, y que escribió algo así como Enhorabuena. Por fin lo has conseguido.
Me emociona también cómo intenté calcular la distancia del pasillo de la casa en la que viví de pequeño, utilizando la memoria. El resultado fueron unos 20 metros mínimo de largo. La anchura unos 2 metros. Y la altura no la supe deducir, pero estaba seguro que mayor de la de mi pasillo actual.
No quiero hablar de la bonita y dura comparación. De la implacable y traidora realidad.
No sólo olvidamos lo que somos capaces de aprender, sino mucho de lo que ya hemos aprendido. Y no hablo de lo estúpido, que lo hay, y mucho; sino de lo que algunos creemos que sirve para algo. Por ejemplo el agacharse, mirar la mesa, comprobar que no hay nada.
Sería un ejercicio genial el hacerlo, precisamente, cada vez que uno ya no se acuerda.
Gracias por estas dos horas a la semana. No sólo por lo que dice. Sino por cómo lo dice también. Por cómo transforma el espacio, sólo con palabras.
Ferrán Lobo es profesor de la optativa Espacio y arquitectura de la Etsab. Martes de 16:30 a 19:00 (descanso de media hora).
Paraíso digital, entre otras opciones
(♪ Que no sea Kang, por favor, Los Planetas ♪)
.
.
.
Pongamos que se hiciera realidad, su pragmático sueño de vidrio y de metal; dos de los materiales más cálidos que son capaces de imaginar.
Imaginemos ese fully air conditioned sound of speed, que ellos han conseguido que fluya. Gracias, como no, a las fórmulas de su mecánica.
Que aceptado el hecho de que no hay recursos para todos, y menos a este ritmo, hemos claudicado. Han impuesto sus ecuaciones de platino, sus látigos mecánicos, su cuadrícula mental.
Que sus potentes ordenadores han resuelto las complejas derivadas eternamente a la deriva con las cuales han podido optimizarlo todo. Incluidos sentimientos. Trazando la asíntota de la muerte neuronal, tendiendo infinitamente a 0.
Y han conseguido un mundo correcto, preciso, funcional, eficiente; pero helado ante todo, donde esto es lo de menos porque los seres vivos que lo habitan carecen de sistema nervioso.
Y ahí está el melancólico mercurio, sintiéndose inútil en la pared, marcando alguna temperatura bajo cero, colgado de una alcayata.
Y un alcohólico narcolépsico tirado en la calle se dice entre dientes que quiere pintar, gritar, y que suban las temperaturas; y está también ansioso de guerras, de hambre, de malos peores tragos. Y repite que todo era antes mejor, cuando ver a alguien llorando en la calle era al menos emocionante. Y cuando los sentimientos más profundos no salían a la superficie sólo en casos excepcionales, fruto de una situación confusa que nadie lograba comprender, y que pronto se olvidaba. Por duro que fuera el tenerse de pie. El vivir apuntalado. El cargar con todo el Peso.
Esto daba la sensación, al menos, de tener algo entre manos. De creer que se hacía algo importante, o si no, algo parecido a necesario. Pero se creía de verdad, y no como ahora, que sólo se reproduce para demostrar que funciona la grabación. Que no falla la maquinaria. Que el invierno está ganando.
Que la antorcha humana, en un bloque de cemento, no tiene nada interesante que decir. Ni tan solo una triste ocurrencia, algo tangible, mesurable en términos industriales. Mercancía apta para disfrazar la belleza, esa de Dostoievsky, llamada a salvar el mundo, que ya se retrasa mucho, algo más de lo justo.
Y mi apoyo aquí con este texto, resultado de una derivada, una optimización, máximos y mínimos. Posiciones radicales. A veces necesarias. La importancia de detectarlo. La impotencia de presentirlo.
Disfrutando, sufriendo, sintiendo como fluye el aire totalmente acondicionado del sonido de la velocidad
.
Post motivado por un profesor estancado, y dedicado con cariño a un amigo que deja pasar la luz, pero no la imagen: no todos son como tú, translúcido, por desgracia.
Un abrazo.
Tinta negra en un papel mojado
Te duele tanto lo que digo que no puedes escucharme. Ni siquiera me oyes ahora mismo. Total. Mente imposible.
Automáticamente te sitúas a cientos de años luz en cuanto me ves aparecer.
Tengo que haber sido muy importante en tí para disparar ese mecanismo en la actualidad. Lo sé. Soy consciente. Esto es lo único que siento, no haberlo detectado a tiempo. Ni a este hecho ni a tí. Aunque sólo hubiera sido con el espacio justo para que no construyeras esta muralla que parece que no nos dejará mirarnos a los ojos nunca más. Y en realidad nunca lo hemos hecho.
Parece que esté triste. A veces. Parece que todo esto me de pena. Que lo considero una lástima. Que me lamento por algo de lo que no tengo la culpa pero que inevitablemente me toca sufrir.
Yo creo que es más cierta la versión que habla de que estoy alegre, de que sonrío, de que bailo porque estoy vivo. Porque tengo la oportunidad de haber entrado en juego. Y continuo aún aquí dentro. Asiento. Recibo. Acepto las reglas. Y lloro porque forma parte de ellas. Porque añade paja a la balanza. O plomo. Y en el fondo me dais igual tú y los problemas que me causas; y ella y los viajes que hemos hecho. Y los momentos increíbles que pasamos entretenidos con una hoja seca o con un trozo de lana.
Creo, sinceramente, que todo eso me da igual. Que sólo lo sufro, lo disfruto, o me resulta indiferente. Y entre esos tres polos se componen todas nuestras vidas. Y ahí está la clave del truco. En que son infinitamente pesadas para un ser humano, todas esas deslumbrantes patrañas, y ninguno de nosotros las quiere ni las puede levantar.
.
Esto es lo que pareces no haber comprendido. Imposible comportarse como lo haces en caso de haberlo entendido. Incomprensible dejar que todo se diluya.
De vuelta...
Bueno...llevo dos semanas de viaje...
Ya he aterrizado pero aún no he llegado...
Esta semana se reactiva el blog, en vista de las miles y miles de peticiones que desde todo el mundo me han llegado para no dilatar más esta pausa...
Suerte. Como siempre. Es más importante que ser bueno.
¡Un saludo a todos!
untitled 1
Es tan gilipollas que se fue a un chinito con pinta de mafioso, en los andenes de la Centrale, entre trenes transalpinos; se acercò y le susurrò al oido: Sé quién eres.
.
Era una broma. Sòlo una puta broma. Pero el chinito ademàs de parecerlo era un mafioso.
.
El muy cabròn. Con esas botas de cuero, con punta, y el traje color claro. Bigotillo y pelo largo.
.
Puto chino. Mi amigo Marco està muerto.
.
Aun no lo ha encontrado ningun campesino, pero està degollado, tirado, abandonado, en algun terreno de las afueras. De la misma forma que la broma que quiso hacer, que està ahi, suelta, perdida, creyendo todavia que el chino no le entenderia, y que nos reiriamos un rato. Sòlo yo la reconozco.
.
Querria haber escrito desde Londres, pero las cosas no sòlo no son como esperas, sino que tampoco son como esperabas que fueran, cuando aceptaste que fracasabas en cada intento minusvàlido de imaginar propuestas infinitamente pequenyas, que se suceden unas tras otras hasta que llega el momento, el bueno, el tuyo, el de verdad, y lo que entendemos por realidad atropella todo y no deja ningun rastro. Se va peor de como ha venido, porque entiende que ya es algo màs vieja, màs tonta, y màs torpe; y también, finalmente està harta de su propio, lento y eterno devenir.
.
Qué manera tan gilipollas de morir verdad?
.
Saludos desde Milan.
.
;)
Acerca de los viajes
… y de una manera lenta e intuitiva he aprendido que las cosas que soy puedo transmitirlas en parte escribiendo. Aunque siempre quede la sensación de que no soy yo del todo. De que falta un poco de cyan. Algo de magenta. Sobra amarillo. No lo sé. Pero más o menos se parece.
Y no lo consigo del todo no sólo por no ser lo bastante bueno, y porque no he leido suficiente ni a tiempo, sino porque además sería estúpido pensar que ya he conseguido el color deseado. Que todo era tan simple como la mezcla de tres colores.
Hay matices de brillo, lustre, saturación …que forman parte de la forma de uno mismo, del perfil del último resultado, que no sólo es final si no también inaccesible. Es inútil querer captarlo. Pero hay algo interesante en ir intentando descubrirlo. Algo que me ocupa las horas, mucho más que la carrera. Que hace que resulte con sentido ir luchando las cosas malas. Cumpliendo los compromisos. Llegando más o menos, siempre puntual, a las zonas de la vida. Esas eternas, reconocibles desde lejos, por las que todos pasamos, si es que pensamos en algo.
De ahí afirmo que viajar tiene sentido,. Me hace falta en estos momentos, para ayudarme en todo esto. Para sentirme extraño desde dentro y desde fuera. Para ver como suenan los coches, las puertas, los cajones y las voces fuera de este envoltorio, de este pack vital.
El primer destino es Londres. Espero escribir pronto desde allí. Al menos esa es la intención. Salgo mañana por la mañana.
Y me encanta irme de los sitios, lo mismo que llegar a ellos, diciéndome a veces por dentro:
¡Ánimo amigo, mira bien todas estas cosas! El sol no seguirá dándonos en la cara por mucho tiempo más.
Algo muy similar
( □ Óxido, Olga Osorio □ )
.
.
Algo muy parecido a la muerte es la repetición.
Es una frase que he escuchado o leído un par de veces en sitios silenciosos que no consigo recordar. En sitios que también eran, por otra parte, poco concurridos y que me resultan cálidos en sentido cerebral. Óseo quizá tambien.
Me parece una genial apreciación de la realidad. De la manera en como van sucediéndose nuestros días.
Algo muy parecido a la muerte es la repetición…
Es importante querer entender esto. Si no es mejor parar ahora.
Me pasa cuando miro a lo que fue un amigo, hace años, y que ahora supone una charla por compromiso unas veces y un agradable retorno al pasado otras. Esa persona que me sabe igual de mal que esté como está que el echo de que hubiera muerto. Me pasa más, en general, cuando ese amigo se está yendo ya, después del café, y le veo alejándose, de espaldas. Maquinando cosas en su cabecita. Y pienso en que está resbalando sin remedio. Trazando espirales.
Y lo digo así, con superioridad si alguien lo quiere entender bien, con respeto en general, y siempre con pena, porque me refiero exclusivamente a esos casos de vida oxidada y agotada, que no chirría porque ya ni se mueve, que en cierto momento pudieron parecer lo mismo que la tuya, y que ahora te confirman que la diferencia no es sutil sino genética, y que no dar sentido nunca es tan peligroso como dar un sentido equivocado.
Y precisamente no darle sentido a esta última afirmación, al menos no uno claro, nunca será tan peligroso como habérselo dado ya. Leyendo la primera y última frase.
Algo muy parecido a la muerte es la repetición.
Cierto, nada que decir
Se ve que no, que no hay nada que decir.
.
Que nada retuerce nada. Que nadie activa ninguna parte.
.
Ese silencio eterno de los otros, bienvenido con sonrisa irónica, otra vez. Que por otra parte es la constatación de la soledad en mayúsculas. La que siempre me da la razón. La que os traerá la confirmación el día de vuestra muerte, a todos los que pensáis que no.
.
Y decimos que queremos salvar el mundo, cuando no somos capaces ni de proteger, los más avispados, un poquito de emoción. Unas pocas palabras ni siquiera ciertas del todo.
.
Porque hay que reconocer que salvo contadas excepciones, mientras tu amigo saltaba a la cascada, tú estabas seguramente haciendo el tonto, perdiendo parte de tu tiempo, durmiendo como mucho.
Personas que emiten luz por determinar
Ocurren a veces, en esos momentos en los que uno está cenizo, pensando en lo más malo de la vida. Considerando lo más bueno. O haciendo lo contrario.
Cuando llevas tiempo dando vueltas sin norte, evitando volver a casa.
Entonces aparece alguien que desconocías o del que habías olvidado la existencia, pero en ningún caso muy asociado a tu vida.
Por tu entorno, o por tí mismo, esa persona detecta la parte superficial de tus preocupaciones. Consigue entenderte de forma alámbrica, o sólo por los vértices incluso, pero pretende que lo que piensas, que lo que llevas años aceptando, limando con tus propios dientes, no son más que obsesiones negativas, pesimistas, que de ningún modo llevan a nada bueno.
Y tú totalmente escéptico, cegado por su luz artificial, admites que puede tener razón. Que esa sí es la actitud. Que los inmortales estaban equivocados. Y como no te crees ni una palabra de lo que dice pero olvidas lo que te ha llevado a tu situación, te encuentras en un punto intermedio, levitando, capaz incluso de creer que esa persona te entiende desde la raíz. Que tan solo, a diferencia de ti, consigue llevarlo bien. O que tiene el secreto, la fórmula mágica que no caduca embebida en el conocimiento.
En cualquier caso, piensas, lo consideras poco probable. Y te miras en el espejo. Reconoces que nunca te crees nada. Y que quizá ahí esté tu tara. Pero no es tu culpa que las cosas se presenten, siempre ante tus ojos, tan falsas y acartonadas.
Pastpelón
(♪ Close to me, The Cure ♪)
.
El día de tu cumpleaños es un día especial. Especialmente especial.
Se conmemora que naciste hace 10, 15, 20 años… los que sea. Y a todo el mundo le importa eso. A tu entorno más cercano en concreto, les llena de alegría. Te llama tu familia con la que nunca hablas porque ni quieres ni quieren hacerlo el resto del año, ya que no tenéis más relación entre vosotros que un apellido coincidente. Y esa situación es muy agradable para todos. Y no tiene nada de hipócrita. Y además quedas bien.
Lo mejor es esa gente que te llama porque hace dos o tres siglos se apuntó tu cumpleaños en la agenda del móvil y caaada año siente la obligación de marcar tu teléfono y saber cómo estás, aunque no le importa en verdad, aunque no se acuerda de ti en todo el año y más de una vez te pone verde a tus espaldas, que es como más mola.
Si encima eres pequeño es aún mejor. Pequeño de edad quiero decir.
De repente te llueven regalos que ni entiendes porqué están ahí. Pero en pocos años te acostumbras y como no te interesa preguntarte el motivo, te callas y los exiges. Y a quien se le ocurra no regalarte nada… pobre de él... parte de la parte diabólica de los niños.
Y el mejor día de cumpleaños es el de la comunión. Ese gran día para todos los menores y creyentes, por supuesto, en el que detrás de una nube de amiguitos, padres histéricos, el fotógrafo y tíos y abuelos (todos alrededor de una montaña de regalos, al lado de la tarta de 3 pisos) el cura, a punto de ser aplastado como en una estampida de ñus, intenta recordar el motivo por el que se encuentran allí todos congregados.
Una vez expresado todo esto entre globos y confeti, tengo que reconocer que hay una parte mala. La de los amigos y la familia de verdad (¿?). Los que te hacen un regalo, se acuerdan de ti, te preguntan si estás bien y te llaman cualquier día del año, pudiendo coincidir con tu cumpleaños, pareciendo así menos bichos raros.
En estos últimos casos, desagradables por cierto, no importa mucho la frecuencia, sino la calidad que te transmiten sin saber demasiado cómo. Con ese algo que está en el aire, que los científicos aún no han sabido explicar. Aunque físicamente te vayas casi siempre a casa con las manos vacías. Con los ojos ligeramente húmedos. A punto de querer llorar.
Felicidades a todos.
Sónico musical ruidosO
.
.
(Escribiendo esto me he dado cuenta del sentido del logotipo de apple, y de nuevo he pensado Qué hijos de puta! Qué tonto soy...¿Cómo no se me ha ocurrido antes? Y me río con la boca llena de manzana…)
.
..
.
Es genial, no se puede negar, poder llevar 4000 canciones en tu bolsillo. Soy uno de esos seres que llevan siempre la música encima. Tengo un iPod.
Estos capitalistas resultan más irónicos que los de siempre, convencidos primero por y luego de su mercancía. Comprados por sus propios anuncios.
Reconozco que no sabría proponer un sistema económico mejor con el cual ofrecer teléfonos móviles a 0 €. Ni vuelos a 99 céntimos. Y eso es lo que importa. Da igual lo que hagamos con ellos. Todo es bueno. Todo vale. Todas las opiniones son respetables. Eso nos ha llevado a donde estamos. Yo mismo he puesto mi granito de arena. Mordí la manzana.
En esta sociedad del bienestar (que no del placer) se pueden permitir el lujo de bombardearnos con productos de segunda, tercera, o cuarta necesidad. Ya no hace falta coaccionar al cliente con su techo, con su lecho, con su comida... ganándote así su desconfianza. Ahora contraatacan por la senda del ocio, del entretenimiento, creyendo muchos de ellos que la música es sólo eso. Al igual que la mayoría de compradores, productores o compositores. Eso es lo que hemos de aprovechar nosotros.
Tengo que hacer el apunte optimista de que esto mueve la rueda. Los hámsters vivos, ligeros, siguen andando y andando sin moverse del sitio, creyendo que avanzan, quemando el oxígeno, pendientes del eje, autistas en Auschwitz.
Todo tu ínfimo conocimiento musical, condenado para siempre a lo que otros te dejen escuchar, en una cajita de diseño (todas las cajitas son de diseño).
A mi me gusta utilizarla como acompañamiento a los diversos momentos del día, del mes, de mi estado de ánimo, de mi evolución personal, de mi vida. Promover, más aún, la realidad virtual. Sacar conclusiones de ella. Usar la música como droga. Ponernos a prueba a todos. Decepcionarme a mí mismo de vez en cuando y apuntarlo en una libreta. Olvidarme al minuto. Justo en el estribillo. Recordarlo luego en casa.
Como dicen los concursantes de gran hermano: Dentro todo se magnifica. Y con la música pasa lo mismo. Que todo parece más grande, lo bueno y lo malo.
Por eso hay que ir con cuidado y saber discernir cuándo hay que bajar o subir el volumen, cuándo se merece o no tu entorno que el sonido penetre en tus oídos,
y entender que muchas veces no está mal quitarse los auriculares y simple y llanamente, que no es poco, escuchar el sonido de la vida. De los coches. De las máquinas de fondo. De las máquinas de frente. El crujir de la bolsa de la compra. Los zapatos. Los tacones. Los tosidos. El ruido de esa moto que siempre es la misma. El rumor que nunca calla. La música del devenir.
Esto no lo sabe el gastado y quemado señor mayor que te mira en el bus, con aires de desprecio, pensando por dentro que con esos auriculares no llegarás a nada, que no tienes ni idea de lo que es la buena música y que es una ruina improductiva, esta puta juventud.
La suerte de los espíritus excelentes

¿A quiénes se refiere Schopenhauer con esta afirmación? ¿Quiénes son estos espíritus excelentes?
Cualquiera puede considerarse excelente. Y cualquiera puede decir que tiene espíritu. Parece por tanto que una persona, lo sea o no, puede creer que es uno de esos espíritus geniales que rondan por ahí. Exista o no esa definición. Tenga razón Schopenhauer o no. Estemos de acuerdo o no.
Yo, al igual que seguramente él, no juraría que esto será así para siempre. Pero reconociendo que primero habría que definir para qué o en qué son excepcionales esas almas, estoy totalmente de acuerdo con Arthur en que ahora mismo, en el mundo en que vivimos, la soledad es la suerte de todos de los espíritus excelentes.
Esto le resuelve las dudas a la mayoría de los futbolistas. Entre otros.
.
No hay almas con matrícula de honor.
Ir detrás o cambiar de sentido
(♪ Slide away, Oasis ♪)
.

Este año me ha calado el anuncio de Sanitas. No se si lo habéis visto. La frase final dice:
Los optimistas siempre van por delante.
Y el chico de las muletas sonríe porque sólo se rompió la tibia y el peroné en el accidente donde perdió el coche (además de a su mujer y sus dos hijas).
Lo que no se han parado a pensar los optimistas y sus colegas, los que han hecho el anuncio, es que han presupuesto que ir por delante es mejor. Algo que yo no tengo nada claro. Aunque tenga que reconocer que los optimistas son más productivos, en primera instancia más sociables, y que tienen más claro qué cosas valen la pena. Y de nuevo aquí me pregunto porqué ha de ser esto mejor que lo otro.
Como cualquier otra posición, esta mía ha de entenderse dentro de un contexto concreto. Sino seríamos dioses de lo absoluto. Y no es precisamente el caso.
Pagar un euro por un mensaje al 5556 para descargarse el politono (o el sonitono) de una canción de operación triunfo, en sí, no me supone ningún problema. En principio no habría de ser bueno ni malo. No deberíamos juzgar a nadie por ello.
El contexto, el entorno, el trasfondo…es lo jodido del asunto. Y esto, como todo lo relativo, es relativizable. Jodido para qué. Jodido para quién…
Pues supongo que nos entendemos. Y si no nos entendemos ahí está la respuesta.
No es mala en su expresión la manera en que funciona nuestra sociedad. Las alegrías que provoca y las tristezas inevitables…la lotería de navidad y la muerte de mamá…
Lo jodido está por dentro, oculto entre las encías. Las piezas podridas del cegado mecanismo. La corrupta fuente de la vida eterna.
Este año me propongo de vez en cuando ofrecer, en la medida de lo posible y mientras el cuerpo aguante, la parte optimista de las cosas que diga en este blog. Algo que antes no hacía no porque no la contemplara, sino porque creo en ella sólo de reojo. Pedacitos de terciopelo de color azul cielo insertados en la enorme hoja gris de papel de lija que forma parte de la demoledora máquina de destrozar cosas que tengo en mi cabeza. Y Dios tiene la culpa de ello. ¿Y que hago con esta injusticia, señor de Sanitas? ¿Y la chica con síndrome de down que no sale en el anuncio, que ni siquiera lo ha visto…?
Creo que el optimismo, como la felicidad y la esperanza, en los mugrientos casos de fachada bonita, nacen de la ignorancia.
Por si alguien me imagina de otra manera, os prometo que yo no dejo de sonreir. Tanto irónica como sinceramente. Esto es un espectáculo que estoy totalmente dispuesto a disfrutar. Pero para ello es necesario encontrar el tobogán. Una tarea nada fácil, ya que es verde como el laberinto. Vaya festival.
¡Más buen rollo en 2007!
Mientras puedas
(♪ We rule the school, Belle&Sebastian ♪)
..
No lo dice ningún estudio, sino la física. El sentido común. La probabilidad:
En un choque a 900 km por hora, en avión, es prácticamente imposible sobrevivir.
Mateo esto lo sabía.
Volaba con todos aquellos otros seres vivos. Desde el comandante hasta el último pasajero, pasando por el hámster de la bodega.
Pero no pertenecía al primer grupo, el de gente que lloraba desesperada. Ni tampoco al segundo, el de los que conscientes de su muerte, cuestión de minutos, tenían la vista perdida, más allá de la alineación de inútiles mascarillas que colgaban del techo como adornos macabros. Guirnaldas hechas con intestinos.
Mateo formaba parte de un tercer grupo. Compuesto por él mismo. Por él sólo.
Con sus veintipocos años, quien lo habría dicho…se sintió el padre de todos.
Nunca había hecho nada parecido en la vida. Como mucho alguna caminata arrastrando los pies, en una manifestación contra la guerra.
Pero ese día consiguió que todos se callaran. Que le respetaran. Que admiraran el momento. Que se derrumbaran ante lo sublime, como perras viejas al sol.
De repente notó una gran fuerza. Una enorme liberación. Se sobrepuso al echo de que iba a morir. Desmitificó el valor que le había dado hasta entonces a la vida, sus últimas neuronas se apagaron convencidas de aquello; y les regaló allí mismo, en vivo y en directo, la última y verdadera obra de arte a todos los demás pasajeros. La primera también para muchos de ellos.
Entre sollozos, oraciones y parejitas de ancianos abrazándose, Mateo se levantó y recorrió todo el pasillo, tocando a su paso todas las cabezas. La mano izquierda y la derecha a la vez. Una pequeña caricia a cada uno. Sintiendo pelos de todos los tipos: lisos, alisados, rizados, rapados, abundantes, escasos…disfrutando de sus texturas. Con los ojos cerrados. Respirando hondo. Caminando despacio.
Llego al final del avión, giró, y prosiguió con su happening personal. Su primera y última performance. Con el festival de escalofríos y emociones contradictorias.
Una vez hubo pasado por todos los asientos, se dirigió el centro del aparato. Se quedó allí de pie. Con los brazos colgando. Casi tocaban el suelo. Cortó el rollo un momento, para rascarse detrás de la cabeza. Y volvió a quedarse allí en medio. Inmóvil. Eterno. Sonriendo a todos, los otros 194, que le miraban esperanzados, creyendo que Mateo les sacaría de allí. Cedió en última instancia la lógica. Se rindió ante el precioso último intento de aquel chico de hacer algo bonito, de no dormirse, mientras le fuera posible, como dice la canción.
Dentro de lo triste de morir de aquella forma, sin preparación para nada, sin familiares advertidos, sin tiempo ni para decirle al enemigo que siempre le has querido… fue una de las mejores maneras de despedirse de la vida gracias a Mateo.
Podría haber fundado una religión con lo que hizo sentir a las personas que viajaban con él, si hubieran sobrevivido, si la historia se hubiera contado, o recordado, y no inventado, como estoy haciendo yo ahora.
Mateo es aleatorio.
Nació en mi cabeza, tras las típicas turbulencias, volando de vuelta a casa.
Do something pretty, while you can.
Nochenueva
Mis vecinos ibicencos no son tan generosos como los catalanes, por mucho que digan los prejuicios...
La dificultad de acceder a internet de manera gratuita (como debería de ser), y lo que tienen las luces de navidad han hecho que lleve una semana sin publicar nada.
Sigo vivo y coleando. Pero he cambiado el ritmo de vida estos días y el blog se resiente.
Esta noche alcohol, corbatas, vestidos y no olvideis saludar. Haciendo amigos como en 2006.
Nos vemos el año que viene.
Un saludo a todos.
Ácido sulfúrico para los amigos
(♪ Consequence, The Notwist ♪)
.
Hasta ahora no pensé que fuera a ser necesaria una afirmación radical. No tan pronto. Pero un par de buenas discusiones con dos de mis mejores amigos me obligan a decir lo que pienso en el fondo de ellos. Y de todos los que se den por aludidos de paso.
Creo que no os enteráis de nada. Que aunque no vivís en una bola tan grande como la mayoría de la humanidad, seguís dándole alas a la vida. Al optimismo. A ese buen rollo que os hace tener claro el sentido de algunas cosas. Dentro de la mierda, pelotitas de ilusión, quehaceres, objetivos por cumplir. O eso me transmitís a mí.
No pido que os peguéis un tiro. Pero me gustaría que pudiéramos arrastrarnos juntos. Que asintiéramos a la vez. En cambio lo que hago es compartir vuestras ilusiones, admirando vuestra dedicación, resignándome a que nunca aceptaréis el poco sentido que tienen vuestros sueños. Y lo mismo hago yo con los míos. Los meto en el petate y nos vamos todos de excursión. Mejor no decir nada. Esperaré a que nos parta un rayo. Hace mal día para ir al campo.
De verdad aprendo mucho de observaros. Aprendo que el humano es luchador. Que no se deja tumbar así como así. ¡Que sus principios son duros y resistentes!, cuando no tendría por que ser así. Que le gusta jugar a los castillitos, antes de que venga la siguiente ola (una por generación) y se los derrumbe como si nunca hubieran estado allí. Y aquí no ha pasado nada. Tus cuadros a medio pintar serán quemados o usados como papel de váter.
No imagináis lo que os quiero. Y es así porque creéis que os desprecio. Que escupo sobre vuestras ilusiones. Y nada más lejos de la realidad. Sólo siento ofrecer esa imagen a menudo.
El problema es que no me explico bien. Que de momento no se hacerlo. Y que no llego a transmitir nunca que por encima de lo que piense, de lo que crea, de las cosas en las que confío, os aprecio porque me ha tocado compartir la vida con vosotros. Y hacéis que en muchos momentos las cosas parezcan tener un sentido en el que repito no creo. Os quiero en gran parte por eso. Porque me ayudáis a mentir. A ocultar la verdad más dura. La que no estoy aún dispuesto a aceptar del todo.
Espero con ilusión la persona que no confío en llegar a ver que teniendo una vida que yo podría considerar envidiable, aún así, siendo consciente de ello, coja y se pegue un tiro, se estampe con el coche, o se beba un vaso de cianuro. Todo para demostrarnos a todos que no hay nada. Todo para reírse de todo. Del mundo. De su ilusión por las cosas. Del acá y del más allá.
¿Qué aporta mi visión de las cosas? Absolutamente nada. Ni tan solo sinceridad. Renuncio incluso a eso. No me creo ni eso. Es tan corrosiva que amarillea mis huesos sólo unos segundos antes de destrozarlos. Si me aguanto es por si acaso, no por mi esqueleto. ¿Y eso es lo que os ofrezco? Entiendo que no os interese.
En cambio vuestras plataformas, brillantes y resplandecientes. Seréis algo en la vida…Cómo os envidian algunos…Yo mismo muy pocas veces.
Le agradezco a un amigo bienintencionado que me advirtiera ayer que ha leído mucha biografía, y que la gente como yo no acaba bien… Lo mismo hicieron antes con aquel arriesgado viaje a Nueva York. Y con el tema de las drogas. En serio lo agradezco.
.
Pero cada vez que me dan ese tipo de consejos pienso que no entienden nada. Que sobrevaloran lo que les rodea. Lo que les ha sido dado. Por algún dios llegan a asegurar algunos…Y ya está bien que lo hagan así. Les permite seguir vivos.
¿Como lo hago yo para no desaparecer del mapa? ¿Qué coño hago aún vivo aquí? Pues como no me creo ni a mí mismo, no me fio ni de lo que digo. No actúo como pienso. Por supuesto que no. Mis padres, entre otros, no se lo merecerían. Es el pan de cada día: pensar una cosa y hacer otra. Creer que no hay sentido y fingirlo de momento. Sentir pena y llorar sólo por dentro. Sentir asco y poner buena cara.
Ante todo también soy inofensivo. Según como se mire.
Algunas personas que no conozco encarnan lo que intento explicar en sus caras, en sus irónicas sonrisas. En la vida que han llevado. Desastrosa como la que más. Son esas personas que no importa lo que hagan. Que no importa lo que digan. Actúen como actúan asienten cuando nos miramos. Si es que nos hemos visto. Y esa es la única certeza que afirmo de momento. Sabemos de lo que hablamos. Creemos habernos entendido. Yo voy en otra dirección. Hasta la próxima, ¡amigo! Dale caña a los happys. Suerte con la vida.
Andarse con ojo
En verdad estos consejos nunca serán capaces de salvarte la vida.
Como mucho, si se da la casualidad de que sirvan de algo en algún caso, tan solo habrán retrasado tu muerte.
Esto no es duro ni blando. Sólo es tangible y pesado.
El chico de veintipocos años que vive delante de mi casa siempre me resulta muy entrañable. Pasea casi todas las noches con su perro, a las tantas de la mañana. Y yo le observo desde mi ventana.
Normalmente come pipas que cuida no caigan al suelo. Las almacena en su mano hasta que llega a la basura de la esquina y allí las deposita.
Parece no tener novia. No parece haber caído. Las noches más cálidas se baja un libro de casa y lo lee media horita mientras el perro pasea por allí sin correa ni bozal.
Es joven y parece eterno. Puede hacer lo que quiera. Sólo tiene que planteárselo. No le hace falta dormir mucho. Le gana tiempo a la vida.
Yo personalmente me paro y me giro hasta que el coche que venía por mis espaldas me ha adelantado, si voy por una calle estrecha y poco transitada.
Los días de viento intento ir por el medio de la calle. Evito rozar fachadas de las que me pueda caer una maceta en la cabeza.
Intento no subirme en una de esas tumbas con ruedas y forma de moto.
En el avión me gusta sentarme detrás. No para salvarme (dicen que en caso de accidente da lo mismo delante que detrás…), sino para al menos ver como muero.
En el autobús procuro sentarme mirando hacia delante para no partirme el cuello e intento no ponerme en la trayectoria de las barras en caso de un poco probable frenazo.
Ojo con las grúas de las obras. Los suelos resbaladizos. El agua y los enchufes.
¿Los deportes de riesgo? Por supuesto. Hay que probarlo todo. Practica mente todo. Pero no te la juegues demasiado. Miles de paracaidistas deben de tirarse cada año desde aviones alrededor del mundo. Y nosotros no nos enteramos. Sólo no llega la noticia de aquel al que no le funcionó el paracaídas de emergencia.
Todo esto puede parecer exagerado, pero no es triste ni atroz, como el dato aquel que nunca se supo del accidente tonto en el que al chico de veintipocos años le cayó una maceta en la cabeza y le partió la crisma. Quedó tendido en el suelo hasta que vino la ambulancia, que hizo lo posible por reannimarle.
En esos minutos de agonía el chico pasó frío. No un frío metafísico, la luz, la muerte…
Sino frío, directamente. El que sentimos tú y yo cuando nos olvidamos la chaqueta. El suelo estaba helado. Finales de otoño.
Es jodido morir así. Sin estar haciendo nada en especial. Andando por una calle sin haberte lavado los dientes, camino de la ferretería.
El sol no seguirá dándonos en la cara por mucho tiempo más.
No me gusta mucho el post de hoy. Estoy desconcentrado por algo que no entiendo.
Suerte.
Décimo pensamiento crítico
(texto relacionado: voy alejándome de gioconda belli, en la sección de por la red)
l
Ahora que te vas vamos a aprovechar para hacerlo aún más bonito.
Nada de obligarte a hablar. Llevas haciéndolo durante años.
Eso es una horterada inventada por los americanos. Por el morbo gratuito.
Observamos como coges la tiza. Como mancha tus dedos. Como los sacudes. Como abrochas tu cartera. Como suena su clic.
Aunque no lo aprecies respiramos hondo. Disfrutamos estos últimos momentos. Con la sonrisa tonta de sabernos solos en todo esto. De saber que ninguno nos sentimos exactamente como el de al lado, porque no has supuesto lo mismo para todos.
A aquel que se encerrará a pasar planos en un despacho le supusiste un aprobado fácil. Alguna bonita frase como mucho.
Otro que parece haber percibido algo de música todavía cree estar oyendo ruidos extraños. Que ahora le incomodan. Pero algún día volará si no cae presa de las garras del star system. Querrá tener una máquina del tiempo de bolsillo y volver a disfrutarte.
.
Un martirio para los nacionalistas. Y para los catalanistas también.
.
Yo personalmente te agradezco que hayas colaborado en mi hundimiento total dentro del vacío. Desde aquí es donde hago mi arquitectura. Donde diseño mis estructuras que presumen de efímeras. Donde chirría mi deconstructivismo.
Continúo desmitificando tu ida, tu marcha, tu huída…
Sigue alejándote así, de gris translúcido, entre cadenas de bicicleta.
El camino no es ni mucho menos recto. Ni mucho menos llano. Pero tu al final tampoco habrás sido ni mucho menos importante. Alguna bonita frase como poco.
-
Los que saben se van solos y en silencio.
Hi-Fi
(♪ demasiado buena para escucharla con tu equipo de música actual: birds, electrelane ♪)
¿Nos compensa la alta fidelidad o simplemente creemos que suena mejor?
Yo pienso que por un lado creemos que nos compensa y que por el otro sabemos que suena bien. Que le suena bien a papá y mamá, a la iglesia y al gobierno, al otro miembro del equipo y a nuestra propia caja de resonancia.
Esta mayor calidad del sonido hace que a la mayoría le compense de verdad. Este es el motivo de que organicen su vida en stereo, cuando nadie se lo había impuesto. En ese momento proclaman a gritos su falta de originalidad, sus pocos cojones (los de afrontar esto solo), su pseudo-simbiosis con el otro, su happiness.
En mediamarket les vendieron el equipo, esposas de regalo incluidas en el paquete, y se lo llevaron todo en una bolsa que irónicamente rezaba al cielo: Yo no soy tonto
Vendrán caricias y camelos, lunas de miel y caramelos; pero de la mano traerán represiones y arrepentimientos, perdones y te quieros. (Esto no es ningún poema. No me mola que rime…:) )
La alta-fidelidad, consciente de su potencia, se frota la manos mientras hace el agosto. Sabe que mediante el sistema stereo proporciona mayor ambientabilidad. Generada de manera artificial, sin duda, pero es cierto que reproduce un entorno acústicamente más confortable. Empalagoso pero deseable. ¿Quién no quiere una pareja?
Recrear la realidad idealizada a la que aspiramos debido a nuestra inconsciencia es una manera rastrera de ganarse al público.
Por eso defiendo y propongo una nueva alta fidelidad, que empiece por la sinceridad total con nosotros mismos, y sólo más tarde, unos días después, con la otra persona. Algo que prácticamente no se da en nuestros días.
El modelo convencional de pareja pretende, sin conseguirlo casi nunca, mantener la fidelidad respecto a la otra persona como uno de los argumentos más básicos. Esto lleva a las represiones y arrepentimientos antes mencionados. Por tanto, a que primero la traición nos la realicemos a nosotros mismos. Y finalmente a la otra persona, cuando la relación se ha vuelto más monótona; convirtiéndose muchas veces en algo oculto pero consentido por ambas partes. Pocas cosas más tristes e indecisas…
Importante el matiz de que la traición se consuma con el hecho, pero que mucho antes ha nacido en el pensamiento, en el centro del cerebro. No nos engañemos.
Si empezáramos desgranando nuestras pasiones, nuestras segundas intenciones, las cosas que nunca contamos…y esa fuera nuestra carta de presentación, no llegaríamos a la conclusión de que ha de haber una persona más especial. Entenderíamos que lo lógico e inevitable es que haya varias, y de múltiples colores y texturas. Y que la interrelación entre ellas es lo más normal. Que ya no escuchamos música con sistema dolby sorround en lujosos lofts insonorizados perdidos en el soho neoyorkino; sino que tenemos un solo auricular que apenas aguanta en la oreja mientras reproduce música en mono, en un bote que se hunde, a tres millas de la costa islandesa.
Por cierto: otra ventaja del sistema propuesto en este texto es que aquí no hay ni feos ni guapos, ni atractivos ni sensuales, ni platónicos ni misteriosos.
No. No caben en esta propuesta misóginos, asexuales, ninfómanos ni parejas cerradas. Nunca mejor dicho.
En cualquier caso, toda esta discusión es secundaria. Se refiere a las relaciones con otras personas, lo que desde el principio ya supone artificiosidad. Lo importante es escuchar buena música y,
con los auriculares puestos, solo, en mono, silencioso, ateo, callado, activo, reactivo, sonriente, atento, lúcido, translúcido, crítico, humilde, potente, expectante, flexible, escéptico, expresivo, sublime y mortal
bailar acompasado sobre nuestras propias tumbas.

Gracias por la metáfora, Efe.
No os perdáis el post de hoy en el blog de Ben Clark (en otros blogs). El tema os resultará familiar, y esta recomendación también...
Juan Palomo y la unión de la fuerza
(♪ the hunger, the distillers ♪).
Imagina que eres una paloma y que estás en una ciudad asiática. La que sea. Enorme. Solo. Y andas por la calle con un pedazo de pan bajo el ala. Lo único que tienes hoy para comer.
Llevas semanas así, recogiendo comida de las basuras que hay frente a los restaurantes de comida rápida que se anuncian con neones a lo largo de estrechas calles mojadas. Y siempre es de noche.
Llegas a una zona menos transitada, y empiezas a pensar que allí estaría bien comerse la hogacilla de pan. La sacas del bolsillo. Desenvuelves el papel de plata que la rodea. Y una humano se posa frente a ti.
Incluso te planteas darle un pequeño trozo, pero lo olvidas enseguida. Si tú pudieras volar no andarías por ahí rastreando, cabeceando, pidiendo todo el día.
Los ángeles me han dado siempre un miedo terrible, superan lo irracional que hay en mí.
En unos minutos descienden de las cubiertas dos o tres humanos más. Rondan por allí. Baten sus alas carnosas con fuerza. Percibes como contraen y relajan sus tendones, de manera que ahora están aquí y en dos segundos encima de aquel coche. A menudo parecen más grandes que tú.
Y todo cambia de repente. La primera vuela hacia ti a gran velocidad y se incrusta en tu cuello. Aletea para volver a quedar libre, pues se excedió en su arremetida y ni tú estirándola con las dos manos consigues sacarla de tu garganta. La hogaza ha caído al suelo y tú la has pisado para mantenerla en tu posesión, pero una segunda picotea con fuerza las puntas de tus dedos desnudos del pie. Claramente quieren quitártela, piensas. Una tercera kamikaze se estampa contra tu pecho. Venía embistiendo de lejos. Se parte el cuello en el intento. No has oído el crujido. Ahora son dos que comienzan a morder tus orejas y tus pestañas. La primera sigue aleteando. Parece ir quedando libre con el desgarro de tus cuerdas vocales, que era donde se había enganchado. Te tiras al suelo boca arriba, de modo que has podido aplastar a la segunda, pero la cuarta y la quinta no se dan por vencidas. Notas la sangre de tu segunda víctima empapando tu espalda. Ahora te giras para que al menos no te coman los ojos. Pasan a arrancarte el pelo no dos, sino otras tres más.
La unión hace la fuerza. Excepto en los casos en los que la inconsciencia de la propia masa gana la partida. Y en aquellos otros en los que es directamente imposible. En los mismos en los que no hay nada que hacer. En los que es mejor guisárselo uno mismo.
Meteorología en 2006 (d.c)
Que empecemos a enrollarnos todos por la calle, a follarnos como animales, no es lo que buscamos. Y sólo habla en parte de lo que queremos. Pero será uno de los primeros pasos para desmitificar este cumulunímbus.
Entonces habremos superado (en parte) uno de los obstáculos para nada. Al menos nada que comprendamos ahora. Pero que es parte de nuestra evolución como medio de locomoción, sin un fin concreto.
Se producirá una de las grandes Carcajadas de la humanidad, una de esas que ahora mismo no nos hacen ni pizca de gracia, pero que a la larga solidificarán en forma de smiley.
Entonces se producirá un descenso brusco de las temperaturas, y no gradual, como viene pasando en los últimos siglos.
.

A los que no soportarían oir lo que me exigen
(♪ Just, Radiohead ♪)
.

A menudo les da la sensación de que tengo las cosas claras.
Tanto si piensan que tengo razón como si no.
Suponer esto es no haber entendido nada de nada.
Parece mentira…a su edad…
Creen que creo en lo que digo.
Cuando yo estoy seguro de que tan solo es la opción menos equivocada.
O eso me pareció en su momento, de entre las que había.
No entienden que lo único que tengo claro
es que una posición concreta es sólo temporal.
Y que por tanto no tengo nada de lo que avergonzarme
ni nada por lo que sentirme orgulloso,
ya que nada es culpa ni mérito mío.
Otra cosa que tengo clara es que les molesta mi actitud,
que infantilmente juzgan de prepotente.
Yo creo que esto se debe
a un elocuente y subliminal sentimiento de inferioridad.
Eso es sólo problema suyo.
Aunque me joda cuando me atacan precisamente debido a su error.
.
...
..
..
siento repetirme con radiohead, pero es que dan mucho de sí...aquí os dejo el enlace al videoclip de la canción de hoy...empresarios despistados y palabras aplastantes que nunca se llegan a decir del todo en forma de video musical, como no, en youtube:
.
..
..
..
Lo digo por si acaso
(♪ The bends, Radiohead ♪)
.
Lo digo por si alguien me ve sonriendo. Disfrutando de cualquier cosa. Hem bebido en cualquier actividad. 13 horas dibujando un plano.
Lo aviso por si alguien me ve en el metro abrazando a una chica. Dándole un beso en la cabeza. Cuidándola. Compartiendo cosas con ella. Llamándole cariño, y cosas por el estilo.
Lo digo por si alguien me ve siendo amable con un asqueroso bebé, sacándole la lengua o haciendo el gilipollas, en uno de esos inevitables estados de hipocresía divina e inconsciente.
Y lo advierto también por si alguien comparte algo conmigo en lo que parecemos estarlo pasando bien. En lo que parecemos estar genial. Para que no le quepa duda. Para que crea que me contradigo. Y para que la próxima vez, si no quiere, ni lo pronuncie:
Dentro de mí late algo tan frío que parece de otro planeta.
Que no asusta porque no se me toma en serio. Ni yo mismo lo hago del todo. No podría vivir con ello.
Sí… pienso yo. Y me río de todos nosotros. Y espero el juicio como un pajarito. Deseando que no llegue porque nos sería imposible soportarlo. Porque moriríamos aplastados en poco tiempo como víctimas de una kudzú.
El tema de anteayer, el de Giacometti, el de las cabezas como objetos. El de los cuerpos como materia inerte cosida a ellas…plantea un estado al que sólo he llegado dos veces en mi vida. La primera cuando el profesor con nombre de pizza leyó la cita en clase. La segunda un día aleatorio de invierno. Hace algo más de un año. Las recuerdo tan bien porque supone de verdad situarse en un umbral. El que hay entre nuestro planeta y Plutón, por ejemplo.
O ya sabíais de qué hablaba Giacometti o no creo que nadie lo haya sentido leyéndolo en el blog. Supongo que hacen falta más factores. Animo a hacerlo por un lado, a cualquiera que esté dispuesto a sentir como todo se congela. Y por el otro aviso con una frase que se oye mucho por los 40 principales: ya nada volverá a ser como antes. En el sentido más trágico de la frase. En el más desolador de todos. En uno que quien no lo haya sentido no es capaz de imaginar.
En el fondo, y de momento, me parece que quiero seguir formando parte of the human race, viviendo y respirando, como dice la canción de hoy, aunque a veces sienta que me despego. En parte porque existen canciones como esta.
¿Cómo gritar, destrozado y podrido por dentro, que quieres seguir vivo y despierto mientras dure tu vida? Difícil de explicar.
Gracias Alberto
(♪ Azul cabeza abajo, Maga ♪)
.
Aprovechando que tengo entregas y estoy liado, hoy le he pedido a un amigo de esos que lo son sin saberlo, sin poder serlo, que os diga algo por mí. Algo interesante si puede ser.
.
Como personalmente me ha puesto los pelos de punta, he decidido colgarlo aquí.
.
Me ha dicho que os diga:
..
En aquel momento, empecé a ver cabezas vivientes en el vacío, en el espacio que las rodeaba. Cuando en principio percibí claramente que la cabeza que estaba contemplando se acercaba y se quedaba inmóvil un instante, temblé de terror como nunca en mi vida, y un sudor frío corrió por mi espalda. Ya no era una cabeza viviente sino un objeto - un objeto que veía como cualquier otro, pero al mismo tiempo no como cualquier otro objeto, sino algo vivo y muerto a la vez. Grité con terror, como si acabara de cruzar un umbral, como si entrara en un mundo que nunca había visto. Todo ser viviente estaba muerto, y esta visión se repetía con frecuencia, en el metro, en el restaurante, con mis amigos.
.
Estas cosas son las que sin que yo quiera (porque razonadamente de momento no tengo preferencia) me hacen dudar de los artistas que se revuelcan rebozados en su hermética producción; incluidos los poetas, por supuesto.
.
Giacometti era dramático empezando por su presencia y acabando por su muerte. Terriblemente expresivas.
.
A parte fijaos en el nombre: Alberto Giacometti.
..
Como Henry Moore, Frida Kahlo, Pablo Picasso, Jacques Derrida, Steven Holl, Arthur Schopenhauer, Rem Koolhass, Félix de Azúa, Bob Dylan, Mark Rothko, Alberto Giacometti, Jackson Pollock, John Lennon, Friedrich Nietzsche, Herman Hesse, Thomas Mann, Juhani Pallasmaa, Sigmund Freud, Peter Zumthor, ...
.
Son obras pop en sí mismos...
.
Muchos vamos a tener que cambiarnos el nombre si es que queremos comer de esto.
.
Esta claro que un tal Marcus Rothkovic no habría llegado a nada si no lo hubiera hecho.
.
Id pensando en los vuestros...
.
Sergio, con ese apellido...mmm...problemas... Suerte que ya acabaste la carrera :D(Sergio Guerra)
Ben. El tuyo tienes suerte. Suena bien. Pero no creas que está todo hecho eh? .....(Ben Clark)
Rodrigo. Tu apellido siempre me recuerda al alquitrán (Rodrigo Betrián)
Toni. Durante el doctorado puedes dejártelo así. (Toni Galmés)
Ramón. Pfff...que desastre...qué quieres que te diga...cambia el nombre de tu grupo también... (Ramón Martín)
Israel. Pues no recuerdo tu apellido. Pero tu nombre es políticamente incorrecto. (Israel Martín?)
Muitin. Me llevó dos años aprender a escribirlo bien sin memorizarlo. Los que tardé en apreciarte. (Muhittin)
.
Con cariño a todos.
.
.
[He escrito los nombres en naranja porque es una lista que iré ampliando según mi memoria vaya soltando cuerda. Lo podeis tomar de paso como recomendación (no pondría a ninguno que no considerara digno de este blog), y se admiten sugerencias. Sólo han de cumplir dos requisitos: una obra interesante y nombre de esos de canto de libro]
No somos de piedra
(♪ My avenue, April fool's day ♪)
( □ Two rocks, John Cleary □ )
.

Ojalá pudiéramos estar tan solos o tan acompañados de alguien como lo puede estar una piedra respecto de otra.
Que la única variable que lo determinara fuera la distancia física entre nosotros y otra persona.
Que el sexo, las drogas y el rock&roll no nos hicieran creer, si no que nos dieran de verdad.
Pero no es así. Por si alguien lo dudaba.
Y releyendo me pregunto por qué he puesto un ojalá al principio. Puede que de esta manera las cosas no estén tan mal. Estamos acostumbrados.
Ahora mismo todos estamos solos. Extremamente solos. Pero en lo que a distancia física se refiere podemos rodearnos de mucha gente, de miles de fans incluso. Y podemos entablar relaciones con otros seres humanos que generan la ilusión de que algo parece funcionar. Que alguien parece entendernos. Que entre la mierda hay algo de chocolate. Pero eso es sólo un espejismo.
Un espejismo tan brutal que si hiciéramos una encuesta la mayoría de personas responderían que no están solas. Y lo justificarían diciendo que ahí tienen a su pareja, a sus amigos, a su caniche, o simplemente (los casos más cercanos a la sinceridad) su casita de la montaña.
Pero supongo que es imposible describir el sistema desde el propio interior, con el propio lenguaje. Que es imposible programar matrix desde matrix. Que es necesario salirse fuera para verlo. Y como de momento me es inaccesible, disfruto apreciando errores en el programa. Errores catastróficos parecen. Pero de momento les dejo estar ahí.
Lo único que hago al respecto es sacar de vez en cuando este nuevo periscopio, adquirido hace ya un par de años entre intuiciones y montones de celulosa.
podeis descargar la canción de hoy (de manera legal), y otra tres más del mismo grupo en esta página:
.
95 % completado...
Nos vemos el lunes.Cargando pilas...Buen fin de semana a todos.
...
no se...sólo tengo esto que decir...ni quiero seguir dando vueltas a lo del otro día ni me apetece escribir nada que haga gala de que estoy vivo, despierto(me acabo de despertar)...espero estar con ánimos mañana.un saludo a todos.
Sólo lo justo
(♪ no hay música asociada este tipo de cosas... ♪)
Dicen que abrazado a un camión.
El milagro de la vida. La extrema inteligencia de todo nuestro organismo, desde los mecanismos más simples hasta el funcionamiento del cerebro, en el fondo estúpidas reacciones químicas cuadriculadas, pasando por los glóbulos blancos, los rojos, los plaquetas, la sangre…protagonistas de esta historia, en la que ni todos juntos han podido hacer absolutamente nada frente a un imprevisto demasiado potente. Ante la hemorragia ni quiero pensar de qué magnitud…
La luz iluminó ayer por la mañana, por primera y última vez, el interior de las venas, de las arterias, del corazón quizás…incluso las paredes interiores de algún vaso se podrían encontrar todavía entre el asfalto. Si alguien se dedicara a buscarlo. Si fuese la obligación de alguien.
Pero ahora toca callar. Y más a gente no tan cercana, conocida sólo de vista como yo. Aquellos que en un mes volveremos a sonreir habiendo olvidado esto prácticamente del todo.
Que se oigan los gemidos de la familia. De los amigos. De esa carrera que ha quedado a medias. Nunca se puede dejar algo más a medias. Tan a medias. Para siempre a medias. Que se escondan los optimistas.
Por eso me hago caso a mí mismo y me callo.
Raúl. Esto sólo ha sido mi pequeño homenaje, quizá porque ayer te pitaron los oidos cuando un amigo y yo nos volvimos a reir de tu mochila trineo, o porque te saludé más de lo normal. Te cogí del brazo y te dije adeu!, sin saber la razón que estaba teniendo. De lo eterno de mi despedida.
Carlos y resto de amigos. Familia. No tengo nada que decir…
Puta vida de nuevo…
La imponente mano de hielo que todo lo arrasa … (postum homenaje)
.............................................................................................................(♪ 747, Kent ♪)
La vejez había comenzado a acariciar con helados dedos sus cerebros…
.
Nos acompaño en el sentimiento.
.
El título de hoy viene motivado por esta preciosa metáfora que hizo hace un par de semanas este hombre que se muere, se acaba, se retira, para poder descansar en paz. Sólo en parte. Sólo en su blog. De momento.
.
No ha podido soportar la presión de los blogueros jóvenes como yo y se marcha. Dice que quizá por algún tiempo. Que quizá para siempre. No se sabe y no es lo más importante tampoco.
.
Ahora en serio. La verdad es que reconoce la función que ha cumplido su blog, en él y en nosotros. Y como dice alguien en los comentarios de su último post, algo muy parecido a la muerte es la repetición.
.
Lo que cuenta es que haya existido. Que hayamos llorado leyendo algunos de sus posts y asentido sin darnos cuenta mientras leíamos otros.
A eso de las 10:30 de la mañana solía colgar los artículos. Será por eso que siempre llega tarde a clase los martes. Como ya lo sabemos no pasa nada.
Espero que el blog permanezca colgado bastante tiempo, para aquellos que no sepan de quién estoy hablando.
Me imagino que tienen su alta calidad, los numerosos posts relacionados con política. Confío en que mi ignorancia es la que me impide apreciarlos. Pero supongo que son sólo el hijo no deseado de un matrimonio obligado en el que se ha visto envuelto por vivir fuera de España.
De los artículos que hablan de algo más…como diría…más…(otra vez sin palabras al tratar de explicar esto intentando no molestar a nadie…) tengo varios que he ido seleccionando estos meses. Recomiendo El invicto (26diciembre2005), No me lo puedo creer (30enero06), Cuando la luz del sol se esté apagando (23febrero06)…por citar un par de ellos.
Si tenéis ganas de reir, leed Descanso eterno y único (18enero06). Y yo tengo que reconocer que lloré bastante con uno del que no tengo apuntada la fecha, que se llama Se fue. Terrible ese pajarito final.
Genial su explicación de cómo la Estética (de la que él habla), no está relacionada con la alta peluquería y otra bellas artes, en el artículo Aullidos de agonía.
Y para los que no le conozcáis fuera del blog, ha escrito varios libros: Historia de un idiota contada por él mismo, Diccionario de las artes, Momentos decisivos, Lecturas compulsivas…y varios artículos periódicos, en El país y otros, entre los que destacaría Sólo quiero lo mejor para ti y La escala del tiempo perdido (en este último habla muy clarito).
Llegados a este punto, después de varias citas, sé lo que os pasará a muchos por la cabeza. Los que ya le conocéis quizá os intereséis por alguna en concreto. Esa que os había pasado inadvertida, y ¡venga!, un artículo más de este buen hombre. O quizá no. Y no importa demasiado, la verdad.
Lo que me da pena es si a alguno de vosotros de los que no conoce a este gato del que hablo hoy, este post se le está haciendo largo ya. Si no va a hacer caso de mis recomendaciones, como he hecho yo tantas veces con diamantes en bruto (en bruto para mí) que buenos amigos me han puesto en bandeja de plata.
Este hombre imparte clases de Estética en la escuela de arquitectura de Barcelona. He tenido la enorme suerte de ser su alumno, y de poder asistir este cuatrimestre como oyente a su asignatura optativa, Diez pensamientos críticos.
Es como una foto de infancia de alguien que no nos importa entre un montón de mierda que se encuentra en la otra punta del mundo. Como un borracho que deja escapar sus cuerdas locuras, entre las paredes, insonorizadas y curvas paredes, de una fría o caliente (de acorde con la temperatura exterior) escuela de arquitectura. Es la ñ de nuestro alfabeto. Uno más y tan distinto, entre todos los profesores.
Podéis acceder a su blog desde el mío, en el apartado otros blogs. Acabo ya reconociendo que sí, que como tantas otras cosas, este hombre para mí es una idealización, que poco a poco se va desinflando (como debe de ser…), pero que esa idealización ha sido indispensable para examinarle a diario, y que me encanta seguir apreciando los tintineos de veta y metal, de los destellos de todo lo que escribe. gracias translucido
Félix de Azúa es escritor.
.
.
He considerado oportuno añadir a media tarde la letra de la canción que recomiendo hoy. Si alguien la busca, no la encuentra, la quiere y me la pide, se la mando. Mi correo es gsus.ibz@gmail.com
.
Silence, like a whisper
Maybe tomorrow it won't be here
So tomorrow we could teach them
Some new styles
You're such a killer
So shoot me down again
It won't hurt when the killing is done by a friend
Silence, like a whisper
So this is all we need
The fully air conditioned sound of speed
A violent whisper
And this time it's for real
So this day
I made plans for us to leave
Silence, why won't you listen
Maybe it's just me
but sometimes it's impossible to breathe
A violent whisper
Maybe this time it won't heal
Maybe this time it will bleed until I'm free
.
Suerte a todos.
Despiste final...
(♪ Creep, Radiohead ♪)
.
Que reviente todo. Que se mueran los demás. Que me quede solo en el cosmos, por un par de horas…
Puta vida.
No tiene otro nombre lo que te han hecho.
Te arrancaron las alas de cuajo. Aún en las entrañas. Desde el núcleo genético de los dos gametos que empezaron todo el trabajo. El laborioso, colosal, increíble, asombroso trabajo de darte forma.
Decidieron que siguieras vivo, pero con restricciones. Que tu cara nos resultara atrozmente familiar a nosotros. Conocida. Que nos provocaras esa sensación de déjavú.
Trisomía del 21 le llaman a tu enfermedad. A tu realidad. Porque una estúpida proteína, o lo que sea, la cagó en el antepenúltimo cromosoma. En el 21. Una puta proteína. Insignificante ahora que estás formado del todo y tienes miles de millones de ellas, las cuales ayudan a coordinar el funcionamiento de un cuerpo imperfecto. Más que el de los demás. Más de lo normal. Subnormal.
Habrías ganado el juicio. Si se hubiera celebrado. Pero se te impuso la dictadura de lo que llaman naturaleza, que para colmo dicen es sabia. Y yo ahora digo que es una mierda. Que igual que el diablo, si sabe más es por vieja; y que tiene su parte diabólica también. Tú eres el ejemplo indiscutible.
Si no soy capaz de ver la parte buena de nuestra madre, ahora mismo, es porque me he intentado poner en tu lugar. Y me doy cuenta de que aunque algunas maravillas a mí me compensen tu existencia, no te sucede a ti lo mismo. Primero porque somos egoístas. Desde la médula. Y segundo porque dudo que te lo plantees, y más aún que seas capaz de escribirlo, como intento hacer yo en tu lugar. Y esto último no admite excusas. Es una injusticia suprema.
Es como matar hormigas con cuchillos, por placer. Como estampar bebés contra muros de hormigón. Como lanzar camiones sobre cabezas humanas. Eres como el Apolo 13 de la carrera por conquistar el universo.
No les perdones nunca. Por ti y por mucho más.
Yo no lo haré.
.
.
Dedicado a todos los que por tener más en el cromosoma 21 en el momento clave, en la división de la primera célula, ahora viven con menos. Y a todo el círculo afectado por ello. Familias, organizaciones, y cualquier otro grupo del que me pueda olvidar.
.
.
Ostia a tiempo
Hay libros que sólo se disfrutan, que se leen como las canciones que sólo se escuchan y las cosas de la vida que sólo se miran. Uno de esos libros es Seda, de Alessandro Baricco , y otro más infantil pero también bonito, Tombuctú. De Paul Auster.
.
Este último trata sobre un perro nadador que vive con un vagabundo que cree en santa claus. Tombuctú es el paraíso donde van los perros cuando mueren. Entre las cosas que se pregunta el perro a sí mismo hay una que me parece curiosa de verdad:
.
Si la rueda se inventó hace al menos 5000 años... y los humanos viajan como pasajeros comercialmente desde hace, pongamos... 150 años... ¿Por qué han tenido que pasar 130 para que el señor samsonite (por decir algo, por demostrar que ha funcionado su publicidad) sacara al mercado las primeras maletas con ruedas?
.
El hecho hay maletas y hay ruedas: podríais fusionarlas ha convivido con los humanos en silencio, riéndose de nosotros, lamentándose irónicamente de nuestros dolores de espalda y hernias discales, y el rumor de su risa nos era imperceptible hasta que algún salvador dio en el clavo.
.
Este tipo de descuidos son sólo anecdóticos. Algo estúpido de lo que reirse mientras paseamos con nuestras maletas de ruedas por una terminal de aeropuerto, comentándoselo a un amigo.
.
Pero cuando no nos damos cuenta que la carga excede el peso máximo facturable, asimilable, cuando el peso del que no nos libramos es mayor que el de una maleta, mucho mayor, más pegajoso y trascendental, tener algo que te lo indique resulta más importante.
.
Hasta que reconocemos que aquello nos había estancado, que mamá tenía razón, o que aquel hombre extraño no estaba tan loco, hemos estado utilizando un tiempo de color marrón claro, indefinido, amnésico, desorientado.
.
Pero hay que vivir con ello. E intentar rodearse de gente, amigos normalmente, que te peguen el guantazo justo cuando más lo necesitas. Justo cuando llevabas ya un rato golpeando repetidamente la pared, siempre en el mismo sitio, como un viejo robot de juguete con pilas recargables.
.
Y eso si no han caído ellos también en la trampa, en el hoyo forrado de espejos, en el seno materno artificial.
.
..............Una ostia aterciopelada.
.
....................................................................................................Dulce pero corta.
.
........................................................Seca.
.
..............................................................................Pero blanda. .
.
.
.
Gracias a Celi y a Kas, por los dos libros, respectivamente. ;)
Resumen a medias...

Al nacer, lógicamente, no tenía ni idea. Polvo interestelar flotante.
Mi infancia pasó sin pena ni gloria, archirrecurrida frase. Tanto como mi vida desde el punto de vista de su originalidad. Poca. Años de juguetes, primeros besos, primeras borracheras, y un intento afortunadamente frustrado de dedicarme al fútbol. Sigo sin enterarme de nada. Cambio de marcha de forma accidental.
Entonces varias sustancias se mezclan; personas, objetos y situaciones generan reacciones en mi cerebro. Y aquí empiezo a recibir mensajes subliminales sin intención. Empiezo a cargar con ello sólo a ratos. Tan pocos que diría que era inconsciente. Pero ya se produjo la silenciosa explosión, tan lejos que la luz estaba aún por llegar. Y no hablemos del sonido, que por fin, en este blog, atraviesa mi garganta de forma digital. Cuestión de tiempo.
Pero volviendo a la luz, lo primero en llegar, tengo que reconocer que me asustó su potencia, su composición.
De la misma manera que uno espera el trueno después del rayo, yo esperaba el universo entero hablándome. Describiéndome los hechos. Diciéndome que sólo me tenía que asustar por el desconocimiento. Que todo lo que intuía no era cierto.
Ahora entiendo que era inútil esperar y que mis sospechas se van confirmando, desmintiendo a la vez aquello de pegarse un tiro, tan solo de momento, y tan solo por si acaso.
Voy conociendo personas que emiten sonidos interesantes. Y resulta emocionante compartir algo con ellos. Pero nada vendrá a explicarme las dudas terribles, corrosivas, envueltas de la certeza cada vez mayor de que son reales y todo lo demás ingenuidad.
Ahora las encaro. Por fin. Tras la cuarentena. Y ya todo es posible.
Lo considero un sistema potente no sólo por las demostraciones empíricas que voy haciendo en el día a día, sino porque entre otras cosas una de sus valiosas características es que podría pasar a dirigirse en sentido contrario y todo estaría dentro de lo normal.
Podría pasar a creer en Dios cristiano, o en Buda, mañana mismo, y no despeinarme demasiado. Haría un par de llamadas a algún amigo que parecía tener razón y nos beberíamos unas cervezas en su honor. Pagaría yo. Por supuesto.
Y que no habría demasiada repercusión es sólo lo que me parece ahora. Pero claro. Eso también es susceptible de cambiar, y a su vez esta repercusión habría de ser también pequeña. Sin importancia dado a lo que vamos.
Y con estas líneas dejo a medias este resumen incompleto, pendiente de las críticas que me irá haciendo mi vida. Esperándolas impaciente. Todavía no se porqué. Algo que espero entender también. Pero que no es muy importante si no llega, porque como dije al empezar este blog, por casi todo no pasa casi nada.
¿Qué es triste, dicen algunos? Claro que es triste, tristísimo, penoso. Pero todo esto ya no es malo.
Piratas y corsarios
No. No creo que esté bien piratear música. Bajársela de internet y obtener gratis y en unos minutos la producción con la que unos seres humanos se ganan la vida.
Si este hecho se diera así, aislado, no consideraría correcto descargar música de la red. Pero no es así.
Tengo mis dudas acerca de quien es más pirata aquí, si nosotros o los músicos.
Podría mencionar argumentos según los cuales no considero igual de merecido el sueldo de un futbolista que el de un músico. E incluso para establecer diferencias entre distintas calañas de músicos.
Pero de lo que no tengo duda es de que ninguno de estos personajes se merece la retribución que le aporta su oficio en cuanto se va por las nubes.
Nos llaman piratas por no comprar discos que valen 15 o 20 euros, con los que ellos van a viajar en aviones privados y a organizar macrofiestas donde la coca se va a contar por kilos.
Si el que los artistas (los de verdad) vivan de su obra, de su visión de las cosas, de su aportación a la interpretación del mundo, de ofrecernos sensaciones, sentimientos, emociones… me parece de las más hermosas posibilidades que nos brinda la sociedad actual, el hecho de que un artista viva de una manera desbordante, derrochadora, excesiva en casi todos sus aspectos, me parece una de las posibilidades más tristes que nosotros mismos consentimos. Y lo hacemos así por nuestras vacías pasiones y nuestras raquíticas idealizaciones que les conceden la fama y por tanto el dinero. Y el hecho acentúa su grado de penosidad debido a la supuesta consciencia de los sujetos protagonistas. Demasiado carpe diem.
Un artista, un filósofo…llamadlo como queráis…no tendría que ser rico. Su conciencia no debería permitírselo. Debería pasar por épocas de abundancia, para experimentarlo e incorporarlo a sus razonamientos. Y por épocas de mayor necesidad, para teorizarlas también. Y desde mi punto de vista, por su espíritu, se merecería vivir el resto del tiempo con lo preciso. Para no convertirse en un esnob. Algo que nos pasa mucho a los hijos de la bonanza.
Pero claro, no es culpa nuestra estar embebidos en una sociedad capitalista, consumista y egoísta. Rodeada de competitividad y terriblemente deshumanizada. Y eso anula nuestra capacidad de reacción. O eso creemos. O eso queremos.
Fuimos los mejores ahora (resultado imperfecto)
(♪ 1979, Smashing Pumpkins ♪)
.
.
.
Sí señor. Estos somos nosotros, me digo a mí mismo con la sonrisa que me han dejado prestada 2 litros de cerveza.
Ni más geniales ni menos electrónicos que esto, pienso al ritmo de mis dedos tecleando un mensaje en el móvil.
Estamos viendo una película mala que no estamos mirando. Sólo de fondo.
Es sábado.
Entre semana vamos a clase teórica. Mente.
Consumimos droga con cabeza. Practicamos sexo con la cabeza también. Nos insultamos de broma. Por reir. Por pasar el tiempo. Vemos la hora chanante. No matamos moscas.
Somos estúpidamente inteligentes. Perfectamente imperfectos.
Dicen los mayores que es la mejor época de nuestra vida. Yo en cambio pienso que tienen razón. Que están en lo cierto. A partir de ahora todo es decadencia. Lo aseguro. Decadencia de todo lo palpable. Lo único que crece en nosotros no nos sirve de casi nada y ni siquiera lo podemos alegar de manera rotunda y convincente ante un juez medianamente pragmático.
La época más brillante de Napoleón, o del imperio romano, sólo eran una parte de su propia decadencia. ¿Donde están ahora? Muertos. Sólo nos aprovechamos de su legado. Nosotros. Los bibos. Los vuitres.
Sin miedo a decir lo contrario más tarde, más viejo, más harto… afirmo que no pretendo ser feliz. Eso es un pilar de hormigón armado que sustenta el mundo. Pero yo no quiero ser feliz. Sólo intento apoyarme en estructuras temporales, que es de lo que creo que se compone nuestra versión de la realidad, por mucho que le duren a algunas personas o a algunos imperios. Toda su vida incluso…
El único problema de la contradicción propia es que se produzca exactamente en el mismo punto de una discusión, en una misma tanda de afirmaciones. Si se intercala un periodo de tiempo mínimo (lo que tardamos en girarnos y ponernos a llorar), a partir de ahí yo lo llamaría evolución. O algo parecido.
Evolución dentro de unos patrones que avanzan muuuy lentamente. El mayor logro desde nuestros padres a nosotros es que podemos arrugar el jersey nuevo el día de la cena familiar.
Conozco algún amigo que ahora se empeñará en que lo que he dicho antes no es verdad. En que no todo es decadencia a partir de ahora.
Yo sigo pensando que sí (virutas inconformistas en mi interior). Pero de momento me dejo las venas largas porque estoy dispuesto a disfrutar de ella. A ver cómo se me cae el pelo. Cómo se arruga mi piel. Cómo pierdo a los amigos. A constatar que corren más que yo, esos putos enanos. A ver la línea 9 de metro. A fingir que me enamoro, un poquito nada más. A veros morir a vosotros. Y a sentir cómo se pudre mi cuerpo, desde dentro, paciente, como último acto con sentido, tarde, con vida, mirándote de reojo, si eso me fuera posible.
Siglo 21
.En el año 2146, en un planeta totalmente acondicionado a temperatura estable 22ºC, un niño que no sabía el significado de la palabra acurrucar buscaba información acerca del siglo pasado, el de los Salvajes, el nuestro.
Este niño tenía un chip implantado en el cerebro con conocimientos extra acerca de ingeniería aeronáutica (así lo escogieron sus padres), a parte de el mínimo que exigía la ley referente a todas las disciplinas que la humanidad contemplaba en ese momento.
Con un ordenador del tamaño de un corazón humano, aproximadamente, entró en google y buscó las palabras siglo 21. De esa manera encontró este blog y pudo comprender que el conocimiento no siempre se había transmitido por medio de placas de silicio y níquel, programándolo en los MCC (micro chip cerebral) que al igual que al resto de humanos, le había sido implantado a él.
Y le resultó curioso, porque no se lo había planteado antes, el que las personas de nuestro siglo vivamos desconociendo la mayoría de casi todo. Entonces se fue intrigado a hablar con su padre, al que los abuelos habían escogido implantar conocimientos extra de historia de la humanidad
El padre le dijo que era verdad. Que en el siglo 21, aunque la gente ya se dedicaba a una tarea concreta y especializada, los humanos no conocían gran parte del resto de cosas, y que eso había llevado a concebir la realidad de tantas maneras como oficios y dedicaciones había en la época (más o menos).
Los políticos veían las cosas de una manera, los ingenieros de otra, los ecologistas también tenían su propia versión, al igual que unas personas muy buenas aunque a veces algo pederastas, que el padre explicó al niño se llamaban curas o sacerdotes, los cuales portaban la palabra de un tal Jesucristo.
El niño comenzó a flipar. No sabía nada de todo esto…
“¿Me estás diciendo que antes las personas en general no sabían de su desgarradora e irremediable soledad?” (sí, el niño hablaba muy así…)
“Te diré… Es más…antes los humanos se juntaban por parejas, y establecían matrimonios que a durísimas penas duraban toda la vida…”
“¿Y por eso tú de vez en cuando vienes a casa con otras mujeres que no son mamá?”
“Muy bien hijo, veo que lo vas pillando…”
“Ahmmm…Pero bueno, a lo que íbamos…entonces, ¿cómo se organizaba el conocimiento? Si todas las personas no tenían una base como ahora (subjetiva y terriblemente impuesta, también hay que decirlo), ¿cómo funcionaban las cosas?”
“Pues mira. Cuando querían hacer un programa, iban a buscar a los ingenieros informáticos. Cuando querían inventar leyes, los que se las sacaban de las mangas se llamaban políticos. Cuando alguien se ponía enfermo tenían que acudir a lo que llamaban médicos, y cuando querían hacer un puente, sólo entraban en la discusión los ingenieros. No es que tuvieran una manera absoluta de hacer puentes, pero eran los más indicados. Los que tenían más conocimientos.
Y entonces había un grupo más o menos impreciso de personas u objetos, lo que se daba en llamar filósofos, artistas, locos…a los que les ocurría algo parecido a los ingenieros. No tenían una manera absoluta de explicar las cosas, el mundo, pero eran los que más conocimientos tenían acerca de su materia: la relaciones, los sentimientos…la vida en sí.
El problema es que nada decía que fueran los más indicados para explicar el mundo, porque no todos los humanos proyectaban puentes, pero sí todos los humanos tenían una vida propia que utilizaban derrochándola, por norma general. Y por tanto que eran los más acertados sólo lo sabían ellos, este último grupo que te he comentado.”
“Vale. Ese es el mundo oculto del que he oído hablar alguna vez, ¿no?”
“Exacto. Esas personas pertenecían a un mundo oculto, y los afortunados artistas vivían de explicar su visión de la realidad, o de partes de esta. También había cabida para artesanos, ingenieros, informáticos y médicos. Pero no para los más brillantes y exitosos, sino para los que su trabajo era la manera de ganarse la vida, de entretenerse, de aprender según que cosas…”
“Entonces, papi, lo que no entiendo es que este grupo de personas fuera tan minoritario como se dice. Y que luego viniera el señor Bustamante, con su traje blanco, y llenara recintos con 10.000 personas dentro.”
“Cierto hijo. Tienes razón. Esto es algo que aún no se ha conseguido explicar. Lo único que se sabe hasta el momento es que esas 10.000 personas no tenían la culpa.”
Todas estas cosas los niños de hoy en día tampoco lo saben, y lógicamente hay mucha gente interesada en que así sea.
Alguien debería explicárselo desde pequeños. Quizá sea la única manera de parar todo esto descartando la bomba atómica. Las revoluciones son ancianas ya y no están para estos trotes.
Buenos días
Hoy me he quedado dormido y no he ido a clase por la mañana. Es un día raro y tengo cosas que hacer, así que solo os preguntaré si os habéis quedado alguna vez a solas con el fuego del fogón de la cocina, a oscuras (poco rato, para no malgastar). O si a oscuras también habéis escuchado entera Untitled 1, de Sigur ros, y los niños mutantes del final de la canción. O a Los Planetas, borracho, solo en vuestra habitación. O un clásico: volver a casa, que esté lloviendo, dejar las cosas en el portal y empaparte del todo. O si habéis pasado una nochevieja con un par de amigos, comiendo pipas y golosinas, y hablando. Toda la noche.
Son un par de cosillas que os recomiendo, y me gustaría recibir vuestras propuestas también. Estos pequeños rituales hablan de nuestra libertad, de nuestras pasiones, de nuestra parte más oscura, o de la más lúcida, de nuestras represiones o de nuestros sueños. Espero que no se me olvide nunca que puedo hacerlos.
Un saludo a todos.
Buenos días y buen fin de semana
Ánimo 2
(♪ The Nothing Song, Sigur Ros ♪)
.
Quién me iba a decir que estaba en el mundo como la última (de una lista infinita) pelota de repuesto de un partido de tenis de duración limitada. Con una función teórica pero sin nada que hacer. Sólo seguir ahí.
Hegel apuntó a sus contemporáneos, herederos del optimismo kantiano en su mayoría, que la teoría de que había una cosa en sí, que las cosas eran finalmente de una manera, era la conclusión a la que habían llegado porque les aterrorizaría del todo la idea de que aquello no fuera de ese modo.
Que una vez descartados los dioses, la ciencia comenzara la investigación de la cosa en sí, y que ni siquiera esto fuera cierto, dejaba a los humanos en una soledad tan sobrecogedora y compleja de entender que amenazaba incluso el darle un sentido a la vida. Incluida la vida por la vida, que algunos defienden.
No dudo que Hegel tuviera sus razonables justificaciones para defender tal afirmación. Por desgracia, reconozco que ni las entiendo ni estoy en condiciones de entenderlas. Digo por desgracia porque tanto para descartarlo como para aceptarlo, llegar a entender toda esa maquinaria estoy seguro que me serviría de mucho, o de poco pero importante. Para suicidarme definitivamente o para seguir escalando algo en lo que creo, igual de solo que antes, pero habiendo superado un escollo que los filósofos coinciden en definir como el más duro de roer de la humanidad. Tan solo Nietzsche, dicen, derribó una pequeña parte de todo ese mecanismo. Ni el señor Bisbal, ni la señorita Chenoa. No. Fue un tal Nietzsche. Quién se lo iba a decir.
El esfuerzo que supone ir subiendo en esta escala (en la que repito que creo), lo definiría con una frase de Kafka que aparece en el breve cuento El pasajero : Ni siquiera podría precisar las pretensiones que estaría en condiciones de alegar con derecho.
Eso es, me resulta imposible ahora mismo justificar esta tendencia ascendente, generada por una fuerza que surgió al empezar a concebir las cosas de una manera que calificaría de menos inventada y más descubierta según pasa el tiempo.
Esto unido a lo dicho en Ánimo 1 (post de ayer), más o menos, es lo que considero que nos deja totalmente solos. Porque nadie entenderá nunca nuestra manera de verlo, ni llegaremos a entender nunca la manera de hacerlo de otra persona. Y esto es lo más importante en lo que nos podemos quedar solos, y sin duda, lo estamos.
No critico a las parejas, a los amigos, a la familia…pero digo que todos esos elementos los queremos mantener a salvo en nuestra escala de valores bajo viento y marea, y que la mayoría de los humanos viven modificándolos de posición pero sin bajarlos nunca del podio, o del top10 si queréis.
Es una postura razonable, sencilla, y que da sentido a todo lo que queramos hacer con nuestra vida. Esto no quiere decir que los sentimientos implicados hayan de ser igual de simples. Ni mucho menos. Y en efecto no lo son. Pero sigo desconfiando de ellos no como última opción, sino desde el primer beso, la primera comunión o el primer viaje de estudios.
Quizá es un defecto lo que tengo en mi cabeza. Pero es casi lo único que tengo, que se va optimizando primero con mi propia experiencia vital, y segundo al estudiar vuestras reacciones cuando os digo cosas como que esa pareja que tanto queréis es una patraña, que el festival del verano pasado también lo fue, que pasa lo mismo con los mejores momentos de vuestras vidas y que no os dais cuenta de que la ilusión que depositáis en ese tipo de cosas, al golpearla suena a hueco, pero os revolvéis como serpientes para sacar vuestra lengua y amenazarme, ya que lo que estoy diciendo cuestiona vuestros pilares y eso no me lo podéis tolerar. Eso no Jesús.
Todo menos eso.
Ánimo.
Ánimo 1
Hay un cambio en tu vida. El que sea. Un cambio grande.
Te vas a vivir a otro sitio, tu pareja te ha dejado después de 3 años o emprendes un proyecto en tu vida que nunca antes te habías planteado.
Deberías darte cuenta de que todo ha cambiado de color entonces. Todo ha cambiado de olor. Hay algo muy grande, muy ligero al principio, que está en cada uno de tus poros, que ya no es como antes.
La puerta suena distinta al cerrar. La cara de los vecinos es otra. Tus huesos se cansan de una manera diferente, ante nuevos movimientos y la percepción del mundo se presenta extraña, tarde, patosa.
No parece malo. De echo no lo es. Sólo tu cuerpo, tu mente, se están adaptando a la nueva realidad. Dejando de lado el pasillo de tu edificio que nunca atravesarás, pues no te viene de paso, y recordando el puesto de castañas de la esquina, que siempre es el mismo. Que lleva ahí por lo menos desde que llegaste.
De esta manera generarás tu visión del entorno, con tus nuevos recuerdos y tus recién estrenadas cosas que vas a olvidar.
No te preocupes porque no tienes nada que hacer. Tu percepción va a ser selectiva y aleatoria. Y en esa mentira te vas a criar mientras no afrontes otra gran cambio que te llevaría a nuevas falsedades.
Y estos grados de conocimiento incompletos y subjetivos, de todos los aspectos de tu vida, se mezclan en una especie de malla escocesa enorme, a los que tú llamas realidad, y en los que te sueles poner cómodo, coger el mando, y encender la televisión.
Sólo quería hacer ese apunte. Nada más. Recordar que nada de lo que vemos es como lo vemos y que por tanto nada de lo que sentimos es como lo sentimos, pero que me emociona el cambio de olor y color de las cosas cada vez que me doy cuenta de ello.
Ánimo a todos porque esto va a ser duro.
Judas
(♪ Somewhere else, Razorlight ♪)
Ya está. No te preocupes. Te quedarás sin trabajo y perderás amigos.
Muestra de ello es que los malos te pusieron a prueba y vencieron. Apuntaron y acertaron. No dijiste lo que querían, puesto que no eres lo que buscaban; y eso les hizo tachar tu nombre con una cruz. No te preocupes por nada.
Como te dije antes, mientras reparamos el pinchazo puedes venir a mi casa y tendrás cama y algo de comer. Espaguetis seguramente. Y en la cena hablaremos, porque sabemos, porque podemos; y decidiremos cuáles son esas cosas, las que querían que dijeras. Entonces te las aprenderás y volverás a embestir la maquinaria repitiendo los adjetivos en tu cabeza, para que no se te olviden, pues no crees en ellos. No a la manera en que se te están exigiendo.
Mientras golpeas repítete: Soy eficaz, ambicioso, trabajador, sociable, optimista, buen compañero, aprendo de mis errores, bla bla bla…
Y acerca de la manera de golpear. Hazlo en silencio, por la espalda, como los traidores. Trabaja para ellos, no les generes problemas, acude a sus cenas de empresa, come sus canapés y emborráchate con sus cavas. Fóllate a sus mujeres si se da la ocasión.
Sí. Creo que sí. Que llegará el día en que no habrá que hacer este papel. Que no habrá que seguir promoviendo y participando de esta farsa. Pero no es hoy. Ni mañana.
Olvídate de la revolución.
Sólo mira tu entorno y date cuenta de que es lo que hay. Que estás en Barcelona. En el planeta Tierra. Y adáptate.
¿Aquel chico que aprendió a tocar el piano de pequeño? Cierto. Tuvo suerte. Siéntate a su lado a escucharle. Poco más. Cuando se te dio la conciencia ya habías construido demasiado como para empezar de cero. En este tipo de situaciones, amóldate a tus circunstancias.
No encontrarás mucho más sentido fuera.
No flaquees, flaco
All is full of love (la parte buena, para entendernos)
(♪All is full of love, Bjork♪)
http://www.youtube.com/watch?v=EQH4AdOg2MU
(enlace a videoclip)
Lo malo no es que se reúnan por miles y aplaudan a Puyol, al tocar la primera pelota, porque su padre falleció la semana pasada. Con todos mis respetos.
Eso no es lo malo. Nada rápido que objetar.
Lo malo tampoco es que se casen por la iglesia y organicen banquetes enormes, en un día pintado de sol con carne y aguarrás.
No me parece malo el que los perros acudan un domingo antes de comer a la plaza cataluña paseando a sus dueños en “El día de les mascotes a Barcelona”, y que una vez allí congregados se les acribille con una repetidora cargada de publicidad.
Que el día antes, el sábado por la tarde, se hayan amontonado en centros comerciales del tamaño de 2 o 3 cementerios, y que ya que están allí aprovechen para ir a ver la película de el código da binchi en el cine que un par de mentes maquiavélicas, frías, calculadoras y sin escrúpulos les han esculpido en mármol de imitación…no, no me parece lo malo. (Si Leonardo se levantara…)
Que aquella entrañable mujer nos acogiera en su casa el día que nos llovió haciendo el camino de Santiago, que nos invitara a cenar y que sólo le faltara ofrecernos a su hija…no. Eso no tiene nada de malo.
Que aparezca el nieto de la familia, gateante, y que el sol pintado de antes ilumine todos los rincones del hogar, dulce hogar…tengo que decir que tampoco es lo malo.
Como tampoco lo es que piensen que somos angelitos estudiando una carrera, cuando lo que en verdad somos es traidores del alma casta y pura, desertores de la matriz, cursando en teoría y práctica, entre otras muchas cosas, estudios universitarios.
Nada de esto es lo malo.
Repito.
Nada de esto es lo malo.
La importancia de dar gracias
Ayer una señora mayor le decía a otra en el bus:
Lo importante es que estamos vivos. Nada más levantarse uno ha de dar gracias a Dios. Dar gracias por estar vivos. Es muy importante dar gracias cada día.
Yo mientras iba leyendo un libro sobre Schopenhauer, que no viene a decir precisamente lo mismo.
Entonces pensé que veía a esa mujer totalmente incapaz de lanzar un misil, de cegar las fachadas del corte inglés para que la gente comprara más, de manipular los resultados de las elecciones de todo un país e incluso los del bingo. Y remarco lo de incapaz porque lo que pasa es que este tipo de personas no son capaces de cometer estas atrocidades. Ya no. Han devenido sumisas, bondadosas, misericordiosas... buenas personas en resumen. Su religión les cortó de raíz lo que hace que algunos humanos se corrompan, se revuelvan, se desencaminen. Que por otro lado es lo que a unos pocos (a los que no tienen el dinero, el poder y cosas similares como religión...) les hace libres, experimentales, sublimes, caóticos…y en definitiva, lo que les permite pensar algo más (nunca del todo) por sí mismos. La muestra iconográfica de esto que digo, yo la encuentro en la cruz, como la describe Unamuno: Terriblemente trágicos son nuestros crucifijos. Nuestros Cristos españoles. Es el culto al Cristo agonizante, no muerto.
Lo que me pasa es que no puedo garantizar de ningún modo que este nuevo ser vivo, libre, solo desde Kant, resulte más beneficioso. No para la humanidad. Descaradamente sí para él mismo.
¿Que beneficio aportó al mundo Giacometti, al que hubo que recoger muerto en su estudio, podrido ya, y que no viajaba ni salía a la calle, ni gastaba ni producía, en sus últimos años de vida?
Al mundo ya os lo digo yo. No aportó nada. Más bien restó. Robó bondad, simpatía, solidaridad, felicidad…que se pudrieron con él en aquel estudio.
Que aportó entonces…mmm…difícil de explicar. Recomiendo leer Retrato de Giocometti, no recuerdo ahora de quien…
Y aviso que la potencia de lo que allí se cuenta, no he conseguido autotransmitírmela leyéndolo yo mismo. Me hizo falta en su momento que un profesor lo leyera en clase. En voz alta. A última hora de la tarde en una sala oscura en la que todo se congeló y el que se movía se hacía añicos para no ser confeccionado nunca más.
A este profesor con nombre de pizza le doy las gracias. Y de paso hago caso a la señora del autobús aunque sea por un día, y doy gracias a Dios, por generar estas personitas de las que realmente no hay nada que temer. Lo agradezco de verdad. Sinceramente.
Tengo que agradecer a Munch la impresión que me causó la primera vez que miré El grito con buenos ojos.
Gracias también, por supuesto, a mi familia. A la que me apoya. Principalmente a mi padres.
Y gracias también a uno de mis amigos turcos, el que es ingeniero y trabaja de recepcionista por las noches; al gallego o cántabro del que hace tiempo no sé nada, pues sigue empeñado en enviar mails impersonales que tengo que decir que esta vez sí estoy leyendo del todo; a otro amigo medio loco (como tiene que ser), el padre del cual posee un tótem en el jardín fabricado por él mismo; al un profesor de educación física que a parte de eso imparte educación mental, al actualmente anglo-israelí que me acogerá en su casa en enero; al mallorquín que ya me acogió en su casa este verano y a todo el resto de personas que sabéis el lugar que ocupáis en mi vida y del que no quiero prescindir.
Y ya esta bien de gracias, no porque no las haya, sino porque empiezo a parecer un futbolista malo el día de su retirada.
C.R.E.A.
(♪Stay young, Oasis♪)
Es una orden. Crea
Crea lo que esté a tu alcance. No creas nada de momento y crea. Si crees que no puedes crear lo que quieras estás en arenas movedizas. Hundiéndote poco a poco hasta tu muerte.
De acuerdo, no puedes crear (seguramente y de momento) una central nuclear de fusión atómica en tu patio. Pero pocas cosas más se te escapan. Créeme.
Lee, escucha y visita, pero escribe, compón y construye también. (Nunca había escrito el imperativo de componer...)
Si pasas del arte me extraña que estés leyendo esto. Si entiendes (o eso crees) la poco probable función del arte, y todos esos rollos…yo sólo digo que no mires a los demás todo el tiempo. Que frenes un poco la investigación exterior para dedicarte tiempo a ti misma. Para ponerte guapa. Todo lo que aprendes estudiando a los demás es teoría. Si tiene mucho que ver contigo se le podría llamar teoría práctica, pero la práctica de verdad está olvidada fuera de las que pertenecen a nuestras costumbres, hobbys u oficios. Llámalo blog, mis chapuzas musicales o me he fabricado mi propia cartera. Si bailas mal como yo, hazlo solo. No importa la calidad de tu producto en comparación con la calle. Antes de tu horrible creación eras aún más malo.
Date cuenta de cuanto de lo que te venden lo podrías hacer tú mismo. Valora si te vale la pena pagarles por ello. Y aunque cambiarán pocas cosas, irán variando con el tiempo. Planta tu propio perejil.
Vaya cambio respecto al realismo tangible de la semana pasada verdad? Yo también lo creo, pero ayer pasé toda la tarde en casa de Hoptim Ísticus, y esto es lo que tiene. Estas cosas funcionan así. No se contradicen. Suceden paralelas, esperando un juicio que no va a llegar nunca.
¡ Recuerda lo del perejil !
What can you see? (with your soul)
(♪Flowers in the window, Travis♪)
¿Habeis jugado a este juego de pequeños? La profesora preguntaba What can you see? Y tú respondías I can see… y empezabas a ennumerar las cosas que veías. O mejor dicho. Las que veías y de las que además te sabías el nombre en inglés.
Esta historia tiene 5 personajes.
Un niño que se llamaba Hoptim miró esta foto y dijo que veía ladrillos. Los originales (the original ones) y los que eran fruto de una remodelación (fruit of a remodelation) .Una pared blanca que desafortunadamente se desconchaba en muchas zonas. Unos cables que daban luz a todo el edificio. La puerta de la planta baja de la casa y unos tubos que bueno, habrían estado mejor ocultos, pero allí estaban…
Concluyó diciendo que en conjunto la apariencia del edificio era un poco triste, pero que por suerte se veía un pedazito (a little piece) de cielo y que los alegres vecinos tenían cuatro plantas en el balcón en cuatro macetas con los colores del parchís, y otra más en la ventana del baño.

Su hermano Pessim dijo que sí, que había cuatro macetas muy bonitas. Y añadió que en el baño no había una sino dos plantas. Pero que también era posible que la pequeña ventana perteneciera a una habitación. Que seguramente alguien ya había muerto con esos cables diabólicos en fachada en un día de lluvia. Que cada vez que el vecino de arriba iba al baño todos podríamos ver la mierda bajando si las tuberías fueran transparentes y que la puerta que se ve abajo a la derecha no era de la misma vivienda, ya que el edificio era un bloque de casas enanas donde se atrincheraban 14 immigrantes por metro cuadrado después de vender pañuelos a medio céntimo 28 horas al día. Que el color del cielo era circunstancial y que por todo eso junto los desilusionados inquilinos tenían las ventanas llenas de plantas. Porque era lo único con vida y color en sus penosas existencias.
Un político dijo que aquí no había plantas ni macetas en absoluto.
La profesora, que estaba muy buena y llevaba gafas, pidió opinión al único alumno que quedaba por hablar: el padre de los hermanos Ísticus.
El señor Real, un hombre ya mayor, se levantó y le pegó una colleja a cada uno.
Sentimientos digitalmente naturales
(♪Technologic, Daft Punk♪)
s incluso emocionant..
ablar sabiendo q sto solo no t llega..
xq no stas delant d l pantalla...
pr ahi sta..
scrito...
y s peor cuando mandas n email..
y faltan dias hasta que el receptor lo lea (y eso ya se sabe, en algun sitio,
aunque tú estés impaciente
pensando en si lo habra leido ya…),
pero l mail está ahí..
en algún lado..
la carretera de Truman...
la q le cortan por alarma nuclear...
…
cuando quiere escapar..
…
esa carretera,
para él…
también iba a parar a algún lado....
seguramente sea eso lo que nos pasa...
pobres marionetas..
Los mails que no leemos no están en ninguna parte
He dormido poco. Tres temas rápidos...
Eres la droga perfecta (y ya te lo dije anoche) principalmente porque sé que eres eso, una droga. Me haces percibir la realidad de una manera nueva, a la que ya me voy acostumbrando, y si pienso un momento sé que no eres verdad. Y no por ello me dejas de hacer efecto. No me he acostumbrado a sentirlo y eso hace que ya no sienta nada… No. Tú eres la droga perfecta.
Me he acostumbrado a gritar. A morder. A sentirme un animal, y por otro lado ver como exploras mi potencial, del que hablas. Disfruto con tus preguntas. Y me entretengo haciendo lo mismo. Es genial así.
Me excitas pero no me enganchas. Y me das toda la tranquilidad del mundo cuando la necesito, sin dejar que me estanque, porque sabes que yo tampoco te dejo.
No me cuestas dinero. Alguna entrada al cine, pero poco más.
Sabes que mi corazón no es bueno. Que está adaptado al comportamiento de la sociedad, y a sus rituales sentimentales que he dejado de comprender. Por eso no mato. Por eso violo. Por eso no estoy en la cárcel. Pero mi corazón no es bueno. Se equivoca y saca provecho de ello. No porque me crezca ante la adversidad, sino porque la escala de valores ha hecho algo parecido a invertirse, y es mejor meter la pata, vigilando las trampas mortales.
Eres la única persona que lo ha entendido en mí, o al menos que me lo demuestra. Y me permites ser…¿yo mismo?. Todavía no sé lo que es eso. Y creo que es imposible saberlo. Como mucho se puede rascar en las entrañas. Y se sorprende uno con las cosas que arranca de allí. Pero sabe que son suyas. Que nació con ellas. Y que nadie tiene mérito ni culpa. O las tira o se las traga. Pero eso no es muy importante. La actitud curiosa o no es lo que cuenta. La manera de aceptarlo. Y eso determina la manera de comportarse y relacionarse con los demás. Se puede ser radical o compasivo en el experimento. En el despegue. Pero hay que reconocer lo que es la tierra y lo que ya no lo es. Intentar medir la distancia con cálculos rápidos y frágiles, mal llamados prejuicios, porque no son definitivos. Ni mucho menos. Son sólo intuiciones para ahorrar tiempo y perder malos amigos. Considero mejor saber pedir perdón (creyéndoselo), que no tener que pedirlo nunca. En este caso vale más curar que prevenir.
Estos elementos se desprenden por las altas presiones y las temperaturas. No por la velocidad. Que también es alta.
Importante: leer la letra pequeña
Voy a clase corriendo, a meterme en plena rueda de metro o autobús, cual hamster.
De una ventana con cortina lila que da a la calle, en planta baja, escapan los gemidos de una mujer que consigue excitarme en el instante menos idóneo para ello. Y justo en ese momento pasa un padre con su hijo, que sorprendido por los sonidos que produce la mujer (que seguro era guapísima, morena, y estaba encime de él/ella), se pone de puntillas y se intenta asomar. El padre le coge del brazo con suavidad y le estira. Siguen cominando y le dice en voz alta: shhh…shhh…no les molestes hijo, ya te llegará a ti, tranquilo, pero no les molestes…Sólo por respeto hijo mío. Están en su momento. En su mejor momento. Ya me entenderás.
Todos nos movemos con el objetivo bienestar, gozo, placer… grabado a fuego en nuestra frente. Y eso deriva en el sexo, aunque a veces pase desapercibido.(*)
Tras la ilusión de tener una casa propia, aislada, perfumada…se esconden las ganas de pegar al gran polvo, en la gran casa, con las grandes vistas, frente al atardecer perfecto.
Para algunos la persona con la que desean hacerlo es con la que quieren, con la que comparten la vida. Otros sueñan con hacerlo con las famosas, y otros con desconocidas que cambian día a día. Pero todo esto viene a ser lo mismo.(*)
Nos gusta la ropa que nos favorece, con la que nos gustamos, con la que esperamos gustar, con la que accederíamos, si pudiéramos, a todo el sexo que nos fuera posible, cuando nos apeteciera, con la persona que senos pasara por la cabeza en ese momento.(*)
Si fuera El Dios (porque si sólo fuera un Dios tendría que pelear con todos los demás…), la primera que cambiaría de las reglas que rigen el cosmos sería ese instinto. Empezando por mí mismo. Y no lo suprimiría, sino que lo moderaría. No dejaría que fuera el motor del mundo. (*)
Las mujeres, que no creo que piensen del todo igual (alguna hay que sí, por suerte…), no es que sean más complejas, que sí más sensibles, sino que tienen ambiciones algo más imprecisas. Pero las mujeres desean a los hombres. Al maromo. Y por tanto cumplen la función de objeto de nuestros deseos, que es como las tratamos.(*)
Y ahí está el poder de las lesbianas, bienaventuradas, de las que será el reino de los cielos, por una temporada. Algún día dominarán el mundo. Y entonces caerán en errores nuevos, que alguien no supo predecir. Y pagarán las consecuencias. Entonces vendrá algún grupo social que ni me imagino de que estará compuesto, y ocupará el trono. Siempre viene a ser así. Sólo cambian los personajes.
A todo esto hay que decir que a los gays les van a dar por culo. Como a todos los heteros. Sólo ellas se van a salvar.
Las chicas que leais esto ahora no os ansieis. No os pertenece ningún cachito de cielo todavía.
Por suerte a mí tampoco me toca sufrir las consecuencias, así que sólo me queda una cosa por decir, y es que enhorabuena chicas. Que ya os tocaba.

(*) : Los pocos que no lo hacen o bien son personas con una enfermedad en forma de hobby (frikies) o bien viven danzando como peonzas, como dice Kerouac, como estrellas fugaces vivientes, dejando un precioso rastro que no se ve si no miras al cielo.
Jesucristo era blaugrana
(♪Smith & Taylor, Chumbawamba♪)
(foto: Miquel Alba i Martí)

No tenían ni idea de nada. No sabían lo que pasaba fuera de un radio de 50 km que como mucho recorrían en un carro tirado por mulas un par de veces al año. Y todo lo que sus padres les habían dado era, por regla general, lo que heredarían sus hijos.
El payés de antaño echaba un ojo a su alrededor y controlaba todas las cosas. Con esto quiero decir que sabía que la azada del corral era de su bisabuelo, que se la encargó al herrero del pueblo, dos generaciones atrás. El mango de madera era nuevo, porque él mismo se había encargado de seleccionar la sabina con la que estaba hecho, y la puerta del gallinero habría que pintarla de aquí a unos 15 años. Más o menos.
La mujer tendía la ropa, lavada a mano, en una cuerda de esparto que sobró de la cesta que ella misma había fabricado. El rollo de esparto formó parte de un trueque con la vecina, a cambio de 3 perolas de leche y un saco de patatas. No había quedado contenta con el intercambio, pero en fin, lo tendría en cuenta para la próxima vez, y si no Dios haría justicia y repartiría suerte.
Los niños miraban a los padres y podían predecir sus futuros: Tú saldrás cada mañana por ese balcón y sacudirás la alfombra que hoy sacude tu madre; mientras yo amaneceré cada día a las 4:30, antes que canta un gallo, y trabajaré la tierra de sol a sol, con la maquinucha que un tal John Deere fabrica para nosotros en un país de por allí, de centroeuropa. Esto es lo que tenemos. Y esto es lo que hay. Pregúntame lo que quieras de todo lo que nos rodea. Te responderé que si el cielo anochece rojo mañana hará viento, y que el gasoil del tractor lo compramos en la gran ciudad. Eso es lo poco que se me escapa: la vida de la gran ciudad. Quitando esta excepción te diré el origen, función y destino de cualquier cosa que me señales. Adelante. Pregúntame lo que quieras.
Hoy en cambio, tenemos el Google Earth. Aprovechando el agujero de la capa de ozono, salimos de la estratosfera sentados en nuestra silla, y una vez contemplamos la Tierra completa volvemos a bajar, pasando de nuevo por el agujero, y decidimos a qué país queremos viajar. Entonces nos acercamos, más, más, un poco más. Ya vemos los ríos, las montañas, las ciudades. Los campos de cultivo. Esto es cebada, esto será trigo, y esto de color más verde seguramente sea alfalfa. Me voy a Tokio, y luego a Nueva York. Vaya hombre, era verdad que un tercio de los coches son taxis amarillos. Y este señor de pie delante de la estatua de la “libertad”, vaya…no puede ser, se está sacando un moco. ¿Es que no pensó que le podían estar haciendo La Foto?
Esto no es una alabanza de lo arcaico, ni una crítica negativa de la tecnología. Es la envidia del control sobre su entorno de lo primero, y el intento de ironizar el discurso actual de la segunda.
En sí no habrían de ser buenos ni malos, ni uno ni otro. El problema está en cómo gestionamos la tecnología. Y la verdad es que la parimos y le concedemos libre albedrío. Se nos va de las manos no porque no la controlemos con precisión, sino porque su potencia nos cegó hace tiempo, modificó nuestros principios, nuestra moral, y con esta hoja de rumbo desfigurada pretendemos llegar a algo que de momento está empezando a acabar con nosotros.
El hombre del siglo 21 se enorgullece de pasar de puntillas por todo lo que le rodea: No sé dónde estaré el año que viene. Mi ordenador tiene wi-fi, GPS, ABS y blutuf. Seguramente el tamagotchi sólo era para que los niños jugaran, y no, no creo en Dios cristiano. Mi único dios es Maradona. Me tengo que comprar un traje para ir de boda este finde. Si lo sé no vengo. Que pena que no sepa nada. Y que acabe yendo a todos lados. Mis hijos serán ingenieros de telecomunicaciones. Los dos. No se de que va la carrera, pero me mola el nombre. Y cuando me muera quiero que me incineren y tiren mis cenizas al mar Mediterráneo.
Yo digo que ya está bien de descontrol. De ignorar todo lo que nos rodea, el porqué está ahí y la intención del fabricante. De que jueguen con nosotros, y de que nosotros hagamos cola para ello, en un estadio de fútbol o el sábado por la tarde en Pull&Bear.
Por supuesto que habrá quien piense que lo que más le gusta el sábado es ir de compras, y que el domingo Dios descansó para ver al Barça.
Yo no pienso discutirlo.
Ven que te explique...triste confusión
Quiero aclararte, amigo,
porque te debo una explicación,
lo que significa lo que el otro día te dije.
Surgió banal, sencillo, e impertinente.
Pero no es más que el triste y roñoso envoltorio
de una verdad universal.
Universal en mi universo.
Y perdón por soñar que se parece al tuyo.
En estos casos es cuando creo
en algo parecido a la magia,la telepatía, al hablar sin decir las cosas.
Porque no sólo habla tu silencio,
sino que también lo hace el aire,
el ritmo,
mi soledad,
esta distancia,
el reflejo de la pantalla.
Creo ver algo interesante
en los papeles arrugados que acabas de descartar
y desprecio tus ilusiones
como si todo lo que dijeras me sonara estúpido y acabado.
Como si todo lo que recitas perdiera vida.
Como si oirte supusiera una bofetada
y desearte lo mejor una obligación.
Como si fueras una especie de ogro cariñoso
que acaricia e impone la guillotina más tarde.
Como si hubiera construido una pirámide
de tus cuatro recortes de cartulina.
Lo que intenté decir el otro día
es que envidio tu fundación, y tu fundición.
Que somos pocos en esto, y que tú estás dando de lleno en el clavo.
Y que de largo lo habías buscado.
Supongo que sin saberlo.Y ahora que ya lo sabes
continúa así por favor.
Y en cambio yo me encuentro aquí hace un par de años,
de repente en medio de esta mierda
jugando un papel que no me tocaba,
pero del que me siento protagonista.
Y sólo intento hacerme un hueco
por donde veo que me pasa el alma,
reconociendo lo que es mi carrera,
adaptándola según lo que creo inadaptable y permanente,
al menos mientras descubro
que la variedad no es infinita
y las combinaciones exponenciales.
Lo intento expresar en tu idioma,
consciente de mi fracaso,
y lo único que hago al respecto
es pulsar el intro cuando me apetece.
De echo no lo considero importante.
En ese caso dedicaría más tiempo.
El resumen es imposible
así que no hagas caso de esto,
pero me gustaría que intentaras
quedarte con la esencia
de lo que intento transmitir
que releyendo admito que no consigo.
Desde ahora nunca di nada por echo,
y en cambio a ti te he visto haciéndolo.
Pero supongo que en esos casos
era innecesario mencionarlo,
por lo absurdo de expresar la verdad conocida,
o por las ganas de soltártelo, mudo, callado, solo junto a ti.
Así que era mejor cerrar los ojos y pensar:
Ven, ven, ven. Te voy a contar un cuento.
Y así lo hacía. Y así lo he hecho. Y en realidad nunca he hablado contigo de verdad.
Y con ganas de acabar ya te digo que sí,
que estamos ahí
dónde tú y yo sabemos,junto con todos aquellos que se esconden.
Y que siento no expresarme bien del todo
justo cuando más lo necesito.
Demasiado tangible para ser pesimismo
(♪Línea 1, Los Planetas♪)

He salido de casa a las 9 de la mañana y estoy de vuelta pasadas las 10 de la noche. Un día de esos largos, de los que te hacen suspirar la noche anterior, y de nuevo ahora, al pasar por la puertecita de mi pequeño refugio. Nunca fue tan acertado el decidir vivir solo.
Estoy asqueado, sudado, cansado, y tengo sueño. Me mataría tener que hacerme una cena decente. Y por desgracia, no son todas estas cosas el peso más grande que llevo encima.
Lo que de verdad no me deja sonreir ahora mismo es algo mucho más imponente, importante e intransigente. Es la cruda consciencia que otorga un día como este. Y no me vale agarrarme al viaje que hice en verano ni a las lágrimas de amistad que derramaré espero en algún momento.
La chica que veo desde la ventana nunca creería que sólo quiero hablar con ella. Contarle todo esto. Decirle que no la quiero. Sería imposible conseguir que subiera. Explicarle que todo esto es mucho más rotundo y no deja lugar a dudas. Que todos vosotros os desintegrais a mi alrededor y no me valeis de nada.
Los olores que percibo no tendrían valor si no hubiera un recuerdo al que asociarlos, y eso me hace dudar de la evocación que son capaces de provocar. Lo mismo sucede, por tanto, con los buenos momentos que he pasado con algunos de vosotros. Ahora mismo se me escapan entre las manos y no tengo fuerzas para cerrarlas.
Es en estos momentos cuando que no haya nadie en casa resulta imprescindible. Y que no me vengan con cuentos. Primero hay que sentirse así varias veces, sin asustarse, y entonces ya veremos quien es capaz de volver a creer en el amor como lo había hecho hasta ahora. A ver quien no duda que tener hijos es una desgracia. Y aseguro que a partir de aquí viajar supondrá algo diferente, los amigos ya no serán nunca lo mismo, y de esta misma manera, sin prisa pero sin pausa, de acuerdo con nuestro ritmo vital, todos nuestros castillos se irán desmoronando piedra a piedra, gota a gota, día a día.
Por suerte o por desgracia, moriremos antes de que no quede nada en pie.
Piedra-papel-tijera-pegamento
Es lunes de madrugada, y a las 12:30 tengo que corregir Proyectos. Estoy haciendo una maqueta. El casco antiguo de Lleida es el emplazamiento. El programa: una biblioteca, 3000 m2 de vivienda, 50 aparcamientos para coches y reordenar el espacio público que conecta la parte alta con el eje comercial de la ciudad.
Aquí hay mucha tela que cortar. Aproximadamente el primer tercio lo ocuparán las ideas, las intenciones, primeras maquetas, el embrión del proyecto. Los otros dos se irán en dibujar planos, detalles constructivos, cumplir normativas, autocad, 3dstudio y fotoshop. Por eso mismo me pregunto cual es mi conclusión acerca de esta carrera después de 4 años y medio.
Definición de arquitectura es mejor no creerse ninguna. Normalmente no dicen mentiras, pero hacen aquello de contarte sólo lo que me interesa, o lo que es peor aún, las más inocentes, todo esto que ves. Y esta seguridad en sí mism@s, es la que permite que un arquitect@ vaya de div@. Algo que nunca comprenderé. No tanto el que lo hagan, sino el que alguien se lo proporcione.
La definición más sintética y potente que he encontrado hasta el momento (sólo hasta el momento), es la que da título a un libro que una buena amiga que leerá esto hace 2 años que no me devuelve: Arquitectura, escenario para la vida.
Esta definición da cabida a todo lo que uno se pueda imaginar como arquitectónico. Es una definición que no se moja. Desde el Partenón hasta la estación espacial internacional, desde los rascacielos hasta la caja de cartón de un vagabundo, desde Bofill hasta Pallasmaa. Y a parte de esto, todos los otros rincones del planeta generados por el humano, combinados con todas las concepciones de vida que se nos ocurran.
Si no me da la gana, no leeré un libro de Ben Clark en la vida; o no asistiré nunca a un musical donde participe el londinense Adrián Gas; o nunca me pondré los auriculares para reproducir una melodía del Tercer Espada. Y simplemente no formará parte de mi vida. Pero todo lo que hagáis de aquí a que os muráis, e incluso lo que haréis una vez muertos, sucederá en algún lugar. Todo. Absolutamente todo.
Si alguien tiene algo que rebatir respecto a este tema, por favor, que me escriba un e-mail porque lo considero muy interesante de antemano.
Con esto no quiero decir que la arquitectura esté por encima de cualquier otro arte, sino más bien lo contrario. Está arrinconada por la concepción intrínseca de espacio artificial. No vuela porque tiene una lacra de la que no se despojará hasta que se separe de la construcción en los términos más burdos, técnicos, ingenieriles y capitalistas. Hasta que no se invente una palabra nueva que la defina, y evite malentendidos con la gente que modificaría este párrafo para decir que la arquitectura ha de contener la construcción, la economía, y otras garrapatas similares. Todo esto la convierte en un reptil.
Si no estamos de acuerdo puede que todo vaya bien. Pero para seguir deberíamos coincidir en que hay escritos, músicas o edificios que no se consideran artísticos. (Y molesta pronunciar este adjetivo. Tanto como el sustantivo)
Lo que intento transmitir es que la arquitectura no se enfrenta sólo a bisbales o bucayes (los hay que no se compran la entrada para ver en directo al primero, y a los que los libros de autoayuda del segundo no le echan más que una mano al cuello), sino que esto se alía con la característica esencial de que aquí pilla todo el mundo.
La poesía, ah! la poesía…eso sí es un equipo. Todos locos, todos solos, enamorados o no, todos con el mismo chándal, y de fiesta en un tupperware.
Pero en la arquitectura es diferente. Se dice que es una carrera a caballo entre ingeniería y arte. Y yo digo que eso es mentira. Que es imposible. Que eso es lo que decimos nosotros cuando entramos en la Escuela y no tenemos ni puta idea de la carrera en la que nos hemos metido. Y que cuando la acabamos eso sólo lo siguen pensando los que se han dormido en la mejor parte de la peli, los que pensarán en términos de acero, normativa y productividad.
Ellos tiran para un lado, hacia su cuba, con máquinas potentes y precisas. Embebiendo sus cráneos en hormigón. Tapándose así los oídos.
Los que tomaron café antes de entrar al cine hacen lo que pueden en sentido contrario, sin tiempo ni ganas para pelear, estirando a pulso, con un par de guantes por cabeza, sin ni siquiera poder justificar del todo a sí mismos su posición en la butaca.
A todo esto el caballo está hasta los cojones, y en la última reunión pidió por favor la invención de un nuevo término que resuelva el conflicto.
Nos ha parecido razonable su propuesta.
De esta manera la anciana arquitectura pasaría a tener una definición más concreta, y representaría la imprescindible y honrada o corrupta labor de ingenieros, urbanistas, constructores y alcaldes. Por otro lado la recién nacida podría crecer en un ambiente propicio para desarrollar sus facultades bajo la tutela de sus nuevos padres adoptivos. Aunque ante la duda de quien debería recibir la custodia, lo más justo sería jugarlo a piedra-papel-tijera.
Yo personalmente preferiría quedarme con el nuevo palabro en gestación, y si puede ser antes de que pase como con el arco iris, que se lo agenciaron gays y lesbianas sin avisar y a mí me había gustado de toda la vida.
(De interés para la prensa rosa: el parto tendrá lugar mucho, muuuuucho después de los 9 meses habituales)
Había una vez...

Una vez había. No por eso ya no habrá. De hecho antes estaba allí seguro. Pero ahora no se sabe. O mejor dicho: yo no lo sé.
Si aún estuviera en el mismo lugar sería bonito. Iría para verlo. Para volverlo a ver. Lo miraría como siempre. Delicado, suave, sedoso, puro. Lo acariciaría.
Pero lo más probable es que acabara viéndolo diferente. El tacto sería por lo menos extraño. Eso creo. Porque antes nunca quise volver para asegurarme, ya que nunca me había ido. Y en la ida no giré la cabeza. De esa manera lo recordaría mejor, pensé. Pues sería el recuerdo desde la distancia; y así es como lo quería, difuso. Volver y verlo diferente decepcionaría, y como nunca iba a ser de otra forma, ya lo había decidido: No iré nunca. Lloraré, lo sé, recordando y soñando con ello. Pero nunca iré. Nunca.
La vida lo atropelló todo.
Y en el mundo con el que me quedo, sin poder haber hecho nada, los niños no corren. La luz sólo reproduce el color sepia. La gente no es, porque nunca existió tampoco. En sus casas se amontona el polvo. Sobre sus libros a medio leer sus sueños a medio conseguir, como sus vidas…Y la única cabina de teléfono que existe suena a veces, aunque nadie descuelga porque no habrá nadie a quien responder. Sin embargo, sale humo de las chimeneas. Los platos se acumulan en la cocina, y yo me masturbo por las esquinas.
El amanecer coincide con el atardecer. Esto me tiene totalmente desorientado, pero no me asusta, ni me preocupa. Desde que acepté que esto era así, no de una manera concreta, sino lioso y cambiante, mi día a día resulta más facil.
(Sólo yo en el mundo estoy pensando en esto, ahora)
Un saludo a todos los que conocéis este lugar. Suerte!
Historia de un pequeño momento
(♪untitled 1, Sigur Ros♪)
Y comía solo en su pequeño refugio, una rácana lata de atún, acompañada con pan de ayer (paradójicamente con un cubierto de Ikea), porque así vivía. Y vivía así porque no podía estar tan equivocado si lloraba haciéndolo. Sólo por estarlo haciendo.
Y ya no era fácil de emocionar, ni de sorprender, ni de ilusionar... Muestra de ello es que para emocionarse necesitaba algo tan difícil como ir solo en un autobús lleno de gente, volviendo de alguna experiencia desagradable con desgraciados, que en el lugar del crimen sólo él había advertido, mientras todos los presentes reían ajenos a que tenían delante suyo sus propios cadáveres, desgarrados y reventados unos, y pacíficamente dormidos con gas otros. Pero todos al fin y al cabo estaban muertos y esparcidos por el suelo, y poca distinción merecían entre ellos. La escena era dramática; y como la voz de un niño en una película de terror, o la cara sonriente de un payaso entre la oscuridad, que los muertos hicieran vida normal, le cortaba la respiración y le angustiaba…
Pero de repente se daba cuenta de que estaba en la mejor parte de una canción de 12 minutos y pico, y se le escapaba una lágrima que al llegar a la boca construía una pequeña sonrisa, en ese mismo autobús, habiendo pasado 4 o 5 paradas entre las que podría haber estado la suya, igual de indiferente que las demás. Y daba gracias a algo por ser consciente de todo eso, y saber que era capaz de escribirlo, reconociendo que no era mérito, sino suerte.
Esto no es un final feliz, sino el principio triste de algo.
Parchís humano
Ya pasó la época en la que nuestros amigos resultaban totalmente azarosos. Naciste en un país aleatorio, en una ciudad aleatoria, y acabaste en un colegio o no, y luego harías muchas cosas con tu vida. O no.
Hasta entonces los amigos llegaron por imposición divina. Y todos eran buenos. Y con todos lo pasaste bien. Pero ahora ya no es así.
Esto es como un parchís humano, enorme, de casillas limitadas a tu tiempo vital.
Aunque algunos no lo quieran así, a esto no se juega por parejas, ni por grupos, ni mucho menos por países ni naciones…
Se está sólo y cada uno somos un color. Todos y cada uno de los humanos participan. Sólo que la mayoría está esperando el cinco que probablemente nunca llegue.
Una diferencia con el parchís tradicional es que cuando te comen cuentan 20, pero tú decides si te vas a casa o retrocedes un número determinado de casillas, que resulta de una complicada ecuación con múltiples soluciones donde el número de variables es variable.
El blanco y el negro no son colores propiamente. El color es un efecto fisiológico producido en la retina por la luz. (Roselló Montelongo, Antonio)
Yo añado que el transparente tampoco se considera color. Es el no efecto fisiológico en nuestra retina producido por la luz.
Los amigos de la infancia básicamente y en principio ahora forman tres grupos. El primero, el transparente, son aquellos de los que no sabes nada. Ni siquiera el correo (electrónico). De repente uno de ellos muere. Había muerto ya en tu memoria, y de hecho, resucita en ella porque muere en el mundo real.
El blanco (podría ser negro, pero por nuestra educación el blanco resulta más práctico para la asociación) son aquellos que aunque te fueron impuestos por el azar, te congratulas de que así fuera. Si tienes suerte de estar en la misma ciudad tomas cerveza con ellos. Si no es así alguna vez te llamas o no, alguna vez te escribes o no, o alguna vez les visitas o no. El sí o el no carece de importancia aquí.
El grupo de los negros (podrían ser blancos también), son aquellos ah-migos que prácticamente hacen función de ene-migos. Luego tienen también un color asociado para jugar al parchís, como todos, pero estos suelen ser de aquellos que entretenidos con un coche de juguete o una muñeca chochona esperan que alguien les avise de que su cinco ya salió, que no estuvieron atentos, y que tienen que esperar otra ronda. Otra ronda supondría 9.000 millones de tiradas más. Por tanto suelen morir antes de que les llegue. De todas maneras, en este momento, considero que no dejan de ser amigos de la infancia. Esto les proporciona ciertos privilegios que todavía desconozco, y que no estoy en condiciones de denegar.
Combinando estos elementos obtenemos la escala de los grises, donde están los que de repente felicitan el día del cumpleaños, organizan viajes por los tiempos pasados, te dicen te iba a haber llamado, y complejas formaciones verbales de este estilo…
Mientras escribía esto vosotros lanzabais los dados y movíais las fichas. Ahora son las 10:08 y me tengo que marchar. Me ha llegado el turno y tengo que procurarme un número alto. En ocasiones, mientras avanzo, reconozco un color blanquecino, y en vez de comer, pego un lametón y me olvido de contar 20. Por suerte algunas personas me reconocen a mí también en medio de esta orgía cromática.
Aclaración de emocionante
(♪On the other side, The Strokes♪)
En el post de ayer comenté, no sin cuidado, que algo me había emocionado.
Es delicado este tema. Bastante. Porque podríamos entrar a discutir qué significa emoción para cada uno de nosotros, y luego quiénes de nosotros razonan eso de una manera coherente. Porque no todos seriamos capaces.
Como dice Savater no todas las opiniones son respetables. Por supuesto que no. Sólo faltaría.
Cuando dije que algo me había emocionado, quise decir que me resultó emocionante. Y ya estamos otra vez con la misma discusión, eterna, para ver si aclaramos lo que quiere decir emoción para cada uno de nosotros, acerca de si emocionante es bastante preciso o no, o infinitas precisiones más…
Como todo esto sería imposible de discutir en formato blog, aclararé lo que significa emocionante para mí con unos ejemplos:
Emocionante es volver a casa, después de tres meses, y ver como unos hijos de puta están destrozando tu isla.
Emocionante es sentir la multitud en una manifestación, sea de lo que sea, que tú consideres justa.
Emocionante es el abuelo que se muere.
Emocionante es escuchar una canción de tu infancia, desgarradora y desfigurada.
Ver a un niño en el autobús, llorando, gritando, pataleando…y que te de asco. Y darte asco a ti mismo; o emborracharte y odiar a todos, a todo, y después a ti mismo, por odiarlos a ellos (The Strokes)
Escuchar un instrumento musical de cerca, por primera vez.
Drogarse, pervertirse, prostituirse…las primeras veces, cuando aún estás fuera de lugar, nada es rutinario y nada te ata.
Emocionante es morir como Mishima, destripado en público, y que fruto de tu poca destreza, un amigo tuyo intente decapitarte hasta 5 veces, para después hacer lo mismo.
Sería emocionante acuchillar un cuerpo humano.
Es emocionante volver al pueblo, y ver que la Crisanta ya no va a casa de la Ilu, porque desde que murió el Severiano ya nada es lo mismo. (Nadie lo sabe pero el Severiano metía mano a la Sonia, la hija de Ilu). Desde hace dos años la Crisanta va en silla de ruedas. Prácticamente no sale de casa. Ni siquiera se mueve. Pero cada vez que me ve derrama una lágrima, y me pregunta por el internet ese…
También me resulta emocionante la caja de colores Alpino.
Espero haberlo aclarado un poco
Vuelve BomBomChip!!!
(♪Für Elise, Ludwig Van♪)
Se agolpan a las puertas del Liceo. Ellos dicen que no es lo mismo. Que no se puede comparar con un grupo de doceañeras esperando un concierto de BomBomChip, ni con esas mismas niñas, 7 u 8 años después, borrachas de cerveza en las “puertas” de Fórum de les Cultures, esperando al primero de los tres días de festival veraniego.
Pero yo pienso, un par de meses después de mi primer festival, que es exactamente lo mismo. Que el fondo está igual de vacío, sólo que quizá sea peor seguir haciendo este tipo de cosas a los 40 o 50 años. Pero claro, a esa edad ya se ha cargado uno de tanta mentira a cuestas que sus huesos han absorbido todo lo que goteaba de sus roñosos sacos de mugre y contratos, facturas y anillos, por las grietas resecas de sus lumbares. Mentiras familiares asoman por cada cajón. Sonrisas postizas. Alopecia y celulitis. Infidelidades a gritos silenciosos, impotentes, resignados, castrados. Sábados por la tarde de pipas, bingo, películas malas y cabezadas. Domingo de compromiso. Lunes, martes, miércoles y jueves inexistentes. Pero este viernes Mozart resucita. Toca Liceo. Traje, coche de lujo y butaca en el cementerio mental de sus fosas comunes consentidas e inconscientes.
Luz cálida. Moqueta en el suelo. Ni siquiera las cortinas rojas tienen una sola mancha. El piano afinado con precisión para que el pianista toque para ellos. Y él les hará el favor, pues tiene que comer. Sobre el atril inútilmente dorado la pieza perfecta, y ellos dispuestos a que su cerebro finja cómo disfrutan, para en verdad mirar más de reojo el panorama que así mismos y a lo que están haciendo. Para en verdad respirar hondo tras la imagen que exhiben. Con olor aún de champú y colonia cara, lo importante es fingir, pero eso ellos no lo saben. Sólo lo llevan a cabo. Entonces llega el momento álgido de la noche. El “subidón”, como dirían ellos, imitándonos a nosotros. Momento etiquetado de sublime o memorable. Al igual, por supuesto, que el estribillo del grupo de rock (and roll, do you believe in?). Guitarras o violines, baterias o pianos, tejanos o corbatas, cervezas o baileys. Da igual. Los mayores acomodados, y los jóvenes por acomodar.
Entonces pienso que no se trata de la edad, ni tan solo del tipo de música.
Resulta que lo que más me emocionó, más que BomBomChip, el festival de verano entero, y Sigur Ros en directo juntos, fue un compañero de universidad, tocando un piano desafinado y cometiendo fallos que prácticamente ni percibí, en una sala que ni mucho menos era de música, prácticamente sin luz, un jueves a las seis menos cuarto de la tarde.
Como los arquitectos racionalistas de primera mitad de siglo XX, los que llevaban la voz cantante se preocuparon de diseccionarlo todo, limpiarlo, y tenderlo a secar separado por categorías. A la hora de generar su producto, lo tenían todo tan claro, lo querían todo tan impecable, que no quisieron volver a complicarse. Se olvidaron que de esa complicación surge algo que no se puede controlar, que es lo que da vida a las ciudades, a las vidas de las personas, a las personas de verdad, que viven interiorizando esa parte de imperfección, que aprecian ese ingrediente imposible de sintetizar químicamente, mezcla de azar, vida, historia, noche…
Ayer busqué a ciegas la fórmula. Me compré un patinete de segunda mano por 5,99 euros.
Lamento decir que he fracasado en el intento.
Domingo, primer día de la semana

Un domingo es un buen día para comenzar un blog. Semana nueva, vida nueva. O algo así. Empiezo este experimento con dudas, lógicamente. Con dudas primero sobre mí mismo. No por si lo voy a mantener, porque eso no depende en absoluto de mí. Sino por si voy a querer seguir manteniéndolo.
Esto tampoco depende de mí, pero de alguna manera lo noto más conectado a mi cerebro, y creo que tengo cierta capacidad de decisión en ese aspecto.
También tengo dudas respecto al resto, respecto a vosotros. A la imprevisible red. Respecto a cómo esta comunicación se va a realizar. Y eso es parte de la investigación. Me interesa descubrirlo en carne propia.
El otro día hablaba con una persona, que tiene un blog, que me dijo que lo intentara. Y creí que le entendía cuando me explicaba lo que ganas y lo que pierdes en esto. Por suerte lo que puedes perder no es muy grande, pero de lo que puedes ganar no me hice una idea hasta que no me puse a escribir un par de líneas, pensando que ésas ya eran para el blog. De la exposición que eso supone. De la genial exposición. Del saber que en Japón podrían leer estas cosas, allí, ahora, aunque no lo vayan a hacer, pero podrían. Esa arma tiene mucha fuerza hoy en día en nuestra realidad. Ese “pero podría…” es de doble filo. Como podría y soy consciente, estoy tranquilo. Pero precisamente porque podría también hacer un millón de cosas más, por cada una que escojo dejó miles en la cuneta. Es como cuando te sacas el carnet de conducir. Nunca irás a China en coche. Y mucho menos pasando por Finlandia, bajando luego hasta Sudáfrica y pasando por Azerbayán. Pero si quisieras…
Pienso en mis amigos, los más cercanos, los primeros en leer estas líneas. Entonces sonrío.
Pienso también en los amigos de esos amigos, los que conozco y los que no. Y de todos estos pienso en los que leerán esto y sientan que me conocen, que me entienden, estén de acuerdo o no. Este blog es primero para mí. Después para ellos.
Hay otro grupo de personas que lo leerán, y con un par de veces les bastará para decidir que no hacia falta agregar esta dirección a sus favoritos. Aquí habrá los que me conozcan y los que no. Yo desconozco por igual a estos primeros y a los segundos. Pasa mucho, esto de conocer alguien y no reconocerlo. De mirar en la cara de alguien la zona que corresponde normalmente a los ojos y ver una especie de mancha negra (o blanca a veces) que no dice nada, que no se identifica, que no se defiende, que no lo hace ni consigo misma. Que es muda. Que se podría decir que está muerta, si no fuera porque de vez en cuando parpadea.
He olvidado las personas que leerán esto y que no les interesará, pero que tendrán toda la razón del mundo.
Hay también personas que les guste o no, les interese o no, no lo leerán. Estos casos son como la libreta que perdí. Una libreta pequeña, que llevaba siempre encima. En ella apuntaba todo lo que consideraba importante (tengo muy mala memoria), y lo clasificaba con unos pequeños iconos que separaban los datos en Películas, Música, Libros, Ideas a desarrollar, Temas a investigar, Personajes…Estaba a punto de terminarla. Pensaba pasar a limpio todas las cosas en folios por categorías, y me tranquilizaba pensar en el trabajo que había en esa libreta. Porque es importante tener trabajo de ese tipo. Pero un día de repente la perdí y no se dónde. Pues bien. Estas personas me sugieren algo similar a la pérdida de la libreta. Podía haber mucho jugo, podrían ser todo tonterías, podría redireccionar alguna parte de mi vida, o todo esto podría haber resultado una pérdida de tiempo. No sé. No lo sé. No se nada, porque ni me acuerdo. Pufff. Adiós. Ni eso. Humo. Agua fría. Ya está…
Pienso en mi familia, en mi padre, en mi madre, en mi hermana, en mis abuelos, en mis primos… que posiblemente nunca lean esto.
Pienso en mis perros, que aseguro que nunca lo leeran.
Y pienso en que seguramente me deje algunos grupos.
Menos mal que siento que no pasa nada. Que por casi todo, no pasa nada. Que sucede y punto. Que lo vivo y punto.
Punto.
De lunes a viernes (más o menos), abro mi oreja derecha para que paseis, deis una vuelta por mi cabeza y salgais por la izquierda.
Un saludo a todos y bienvenidos
jesús
Pequeño Manifiesto Inicial
NO sabía que significaba la palabra blog hasta que ayer, de pura casualidad, entré en una página en la que lo explicaba, y así como quien no quiere la cosa, decidí hacerme uno. Por tanto se me ocurrió a mí solito.
NO conozco a ninguna persona que pudiera admirar o respetar, cuya posesión previa de un blog me haya incitado a crear este experimentoconmigomismo
NO creo que los blogs puedan servir como experimentos para la investigación no tan solo de las formas contemporáneas de comunicación global, sino también de cómo estas están variando nuestra concepción de la ciber-realidad, y por tanto, de la realidad.